...En su momento se tomó una decisión estratégica que se ha mantenido desde su fundación, y...

2024-06-30

 

Unidad, unidad, unidad

 

Es la enésima vez que grito esa palabra tan clara, pero tan manoseada, que ya parece que suena a sorna cuando se lanza al viento: UNIDAD. Izquierda Unida, que surgió con la pretensión de unir todo lo que se movía a la izquierda del PSOE, tuvo que enfrentarse a infinidad de obstáculos para conseguir su propósito, obstáculos que procedían del exterior y otros que fueron colocados desde dentro para conducirnos a lo que entonces se denominaba la “Casa Común de la Izquierda”, es decir el PSOE. Afortunadamente, no fue así porque, al menos, Izquierda Unida ha servido para mantener viva una izquierda minoritaria, pero necesaria, para aspirar a esa unidad tan deseada.

En su momento se tomó una decisión estratégica que se ha mantenido desde su fundación, y que se sigue apostando por ella, que es la unidad, incluso a costa de la pérdida de protagonismo y de representación legítima en las instituciones y administraciones.

Con frecuencia suelo participar en movilizaciones de sectores como la sanidad, la educación, la vivienda, las pensiones, en concentraciones para impedir desahucios de familias vulnerables… y en ellas coincidimos personas, compañeras que llevamos años y años, cuando no décadas, intentando mejorar, quizás de manera ingenua, esta sociedad, y que curiosamente hemos dividido el voto en las elecciones europeas entre básicamente dos organizaciones, Podemos y Sumar. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ideológicamente, programática y políticamente coincidimos en todo, o casi todo.

Cuántas veces hemos oído que la unidad se hace desde abajo, en la lucha, con la participación en organizaciones de base y las organizaciones sindicales, etc. y, sin embargo, cuántas veces constatamos que son palabras vacías, que los hechos son otros y, lo peor aún, que los intereses en términos electorales son ajenos a los de la mayoría que decimos defender. Soy militante de Izquierda Unida desde su fundación y no me resigno a decir que en esta ocasión mi formación política, Izquierda Unida, ha estado a la altura, a pesar de que la decisión que se tomó en su día fue injusta relegando al cuarto lugar en la lista para las elecciones europeas a una persona como Manu Pineda.

Este artículo lo inicié el lunes siguiente al domingo de las elecciones europeas, pero renuncié a publicarlo porque en un párrafo, que he borrado, quizás lo escribí más con las vísceras que con la razón y no contribuía al propósito que perseguía que no es otro que hacer un llamamiento a la unidad de la Izquierda, o de las Izquierdas para ser más preciso.  Se ha producido la dimisión de Yolanda Díaz como coordinadora de Sumar para dar una oportunidad a esa unidad que muchos apostamos, según sus propias palabras. Sin pretender eximir su responsabilidad de los malos resultados electorales también hay que decir que hay muchos y muchas responsables políticos de otras organizaciones que han defendido sus intereses por encima de los de la mayoría social a la que decimos representar y eso se ha visualizado y ha pasado factura.

Pero esto ya es pasado, lo que toca ahora es remangarse y ponerse a trabajar con un objetivo prioritario, aunque no único, que es reconstruir la UNIDAD.

Para mí no hay excusas, porque si no somos capaces de ser creíbles para la gente que nos encontramos comprando el pan, caminando, tomando café…, la mayoría social, jamás podremos remontar. A este vendaval ultraconservador se le derrota con políticas que la gente perciba y palpe y para ello necesitamos unidad y fuerza.

Tengámoslo claro, el futuro de la Izquierda pasa por la unidad, pero también por su organización, por su implantación territorial, por un programa claro, por la participación desde abajo, y por más democracia.


 

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