"La contradicción, la duda y la ternura

2026-03-22

J. M. Gómez Valero

El sevillano José María Gómez Valero forma parte del colectivo de agitación cultural La Palabra Itinerante (dentro de su grupo de poesía y música) y es cofundador de la editorial sevillana Libros de la Herida. Su obra suele integrar la poesía con otras artes como la música y la pintura, colaborando frecuentemente con poetas como David Eloy Rodríguez y Ángel García Argüez, los y las cantantes Daniel Mata, Rocío Rosdo o Iván Mariscal, el pintor Patricio Hidalgo o la ilustradora Amelia Celaya (entre otras y otros muchos), con quienes comparte el interés por la acción poética, el compromiso y la transformación social.

Su obra se encuentra presente en varios poemarios publicados (algunos con premios importantes), en el libro-disco Su Mal Espanta, en antologías personales (Revueltas. Antología 1996- 2016) que recogen su propia trayectoria, así como en importantes selecciones colectivas de la lírica española contemporánea destacando su compromiso social y su enfoque crítico. Ha participado en numerosos auditorios y festivales teatrales, musicales y poéticos, tanto a nivel nacional como internacional. ¡Ah!, y también ha publicado algunos libros de narrativa infantil y juvenil.

Todo un personaje al que podéis seguir en las redes y ampliar el conocimiento del mismo. Pero, dejad que sean sus propias palabras las que nos iluminen algo sobre su obra:

... la poesía ha sido consustancial no sólo como un trabajo literario, forma parte de nuestra construcción vital, sabemos del valor y la necesidad de compartir la poesía...

...la poesía es necesaria más que nunca en estos días como herramienta para mirar más lejos, para cuestionar el mundo, la realidad dominante, tener otras perspectivas que nos permitan un proceso de transformación tanto comunitario como personal, una herramienta que hay que poner a disposición de los demás...

...sirve para implicarse en el tiempo en que se vive... cuando uno desarrolla la mirada poética... es capaz de mirar más allá... el poeta es alguien que te habla, en el que te reconoces… en sus heridas, en sus conflictos, que se convierten en los suyos...

...la poesía es un ejercicio de escucha al otro y a uno mismo, hasta que se produce un reconocimiento para hacer las cosas de este mundo un poco mejores...

...es un momento de comunicación exterior e interior porque escuchamos a alguien que nos habla, y reflexionamos sobres nosotros mismos, porque hemos encontrado palabras en las que podemos habitar, que pueden ser nuestras propias palabras, las hacemos nuestras, como las canciones...

Y mientras, disfrutad con estos poemas que os seleccionado:

Guerra

 

Después de la batalla

regresaron los héroes.

Nada había cambiado en ellos.

Traían los mismos ojos cerrados

que antes de partir.

 

***

 

Lindes

 

¿En qué punto termina mi tierra y

en qué punto comienza la tuya?

¿Qué es mi tierra?

¿Qué es tu tierra?

¿No es aquí y allá idéntico el temblor

si acaricias a quien

amas y te ama?

¿No brota igual la sangre

sin que importe el color de la piel

sino el golpe y la herida?

¿No es la felicidad lo que recorre

los campos de uno y otro lado

cuando llegan los días de cosecha?

¿No es la desolación la misma

tras las puertas de todas las casas

cuando muere la madre, el hermano,

la hija, el compañero, el vecino?

¿Acaso son distintos nuestros muertos,

acaso no los cubre

la tierra de igual forma?

¿Acaso no nos velan

abrazados en lo hondo?

 

***

 

La travesía

 

A pesar de este frío antiguo,

de los crueles vigías y sus leyes,

a pesar de este miedo que atenaza,

muchos volverán esta noche

a recorrer los campos con antorchas.

Indóciles, errantes, ateridos,

labrarán resplandores en lo oscuro,

fulgores que debieran persistir.

Saben qué les aguarda, saben

que al fuego que sostienen y comparten

lo envolverá la oscuridad, la húmeda sombra,

pero ellos —qué encendida travesía,

qué alta siembra de pasos decisivos—

proseguirán su paciente tarea,

su pródigo tránsito, su derrota:

hacer que una luz nueva alumbre el mundo,

prender el tiempo, fundar claridades.

 

***

 

El explorador regresa a palacio

 

Señor mío:

Ella hace visibles los hilos del amor.

 

Ella es hermosa y libre y dulce

y pronuncia palabras celestes

con las que desviste a la penumbra

y la convence de su error.

 

Ella se enreda con las fieras

y les habla de la piel de la tarde.

 

Señor mío, os lo ruego:

Si lo tiene,

no recuerdo su nombre,

pero

ella no debería morir nunca

ni tampoco sufrir ningún daño.

 

***

 

Prisioneros del ansia

 

 A pesar de este frío,

a pesar de esta brisa de alfileres

que empaña el corazón de los ángeles,

a pesar de los terribles pronósticos,

de las recomendaciones,

a pesar de la prudencia y del olvido,

muchos volverán esta noche, como tantas,

a recorrer los campos con antorchas.

Y así,

enfermos y ateridos,

deshechos de paciencia,

abrigados de lástima,

escarbarán de nuevo los vencidos

hondas grietas sobre el hielo,

cicatrices ardientes que debieran persistir.

Incansables, fatigados, convencidos,

huidos de la niebla y de su velo,

embarcados en una travesía

que quizás dure ya demasiado,

perderán sus alas antes de morir.

Pero no bajarán la mirada.

No renunciarán

ni rendirán su empeño

hasta que una mariposa salvaje

estalle en el recuerdo de los recién nacidos.

 

***

 

Decidme:

 

¿es cierto que las gentes amanecen

con el día y caminan siempre recto

y más tarde regresan cada uno a sus casas,

y cierran tras de sí la puerta

y se aman y maldicen en voz baja,

y que jamás descansan?

 

Decidme:

¿es cierto que en los patios de la escuela

los niños zarandean las alambradas

y gritan y se ríen de las gentes

afuera, al otro lado, pero en la misma jaula,

y no sucede nada?

 

Decidme:

¿es posible guardar silencio

y mantener la calma?

 

¿es posible cerrar los ojos

y renunciar al fuego que somos

cuando nos reunimos todos

sin miedo

en torno a una plaza?

 

Y así las cosas, por último, decidme:

¿a quiénes pertenecen estas calles

que hoy tanto padezco?

¿qué misteriosas leyes

regulan sus aceras y calzadas?

 

y sobre todo:

¿cuánto hace que sucede todo esto?

 

¿y hasta cuándo?

 

Decidme:

¿veis en las calles el deambular de los sonámbulos,

el rostro amarillo de su muerte,

su obediencia?

¿Veis los tráficos, los ritos? ¿Veis

la clausura, la exclusión, las amenazas?

¿Veis la imposición y sus cadalsos?

 

Decidme:

¿a quiénes pertenecen estas calles?

¿Qué leyes regulan sus aceras y calzadas

y dictan el rumbo, la razón, de los pasos y las horas?

 

Decidme:

¿En qué momento decidimos,

si es que alguna vez lo decidimos,

acatar esta ruina,

aceptar como nuestra

esta derrota?

 

***

 

Sentidos

 

(I)

 

En los ojos

un cielo

imposible,

un cielo

tan azul,

tan distinto a la palabra

cielo,

que su clara verdad

se me clava

y duele.

 

(II)

 

En la piel

la brisa, la caricia

siempre nueva del aire,

feliz escalofrío

que perdura, temblor

que convoca al temblor.

 

¡Mira cómo se mueven esas hojas!

 

Palpita en la belleza de lo vivo

el misterio.

 

***

 

Parentesco

 

El combatiente

obligó a sus hijos

 

a rezar junto a él

 

a los pies de la tumba

de su enemigo

 

***

 

 

 

 

Cambio climático

 

Nos resulta difícil escapar.

 

Se nos acaba el tiempo

para salir de aquí sin daño.

 

La asfixia crece lúgubre

en las últimas grietas

aniquilando brotes y posibilidades.

 

Se reduce el espacio

que separa la herida

de los cuerpos.

 

En nuestro miedo braman,

furiosamente inmóviles,

grandes osos polares

sorprendidos por el deshielo.

 

***

 

Compañías

 

Les siento ahora, aquí, a mi lado.

 

Quienes saben de la condena del tiempo,

de la constante contienda entre amaneceres y estertores.

Quienes callan cuando un pájaro los mira.

Quienes apartan en silencio la nieve de la leña.

Quienes en la fábrica de maderas se detienen

ante el rincón donde se acumulan

las virutas y el serrín.

Quienes acarician el puente que salva

el cauce de un río seco.

Quienes lanzan los dados a oscuras contra una pared.

Quienes acuden a un entierro donde nadie les conoce.

Quienes cubren con tierra las brasas del odio.

Quienes conjugan ternuras en los días inciertos.

Quienes cuentan las horas en las ondas del agua.

Quienes rastrean las huellas de un animal que murió.

Quienes guardan debajo de la cama zapatos rotos.

Quienes lloran sin querer saber por qué.

Quienes emprenden el amor, quienes lo desaprenden.

Los que mueren. Los que resisten.

Los que besan. Los que huyen.

Los que nacen. Los que mienten.

Todos ellos me habitan. Por ellos me transito.

Junto a su herida está inscrita mi herida

en las blancas galerías de la soledad.

 

Ellos forman la trama

y son mis argumentos.

 

***

 

¿Quiénes fueron?

¿Quiénes se burlaron de nuestras llagas?

¿Quiénes arrancaron el corazón a los caballos

Que tan lejos habían de llevarnos?

¿Quiénes convirtieron nuestros puños veloces

 

¿Quiénes crearon el molde

Donde día tras día

Se fragua esta muerte?

¿Quiénes fueron?

 

Que den un paso al frente,

Que ya está bien de tanto llanto.

Que den ahora un paso al frente,

 

Que los vamos a perdonar.

 

¿Quiénes crearon el molde

Donde día tras día

Se fragua esta muerte?

¿Quiénes fueron?

 

Que den un paso al frente,

Que ya está bien de tanto llanto.

Que den ahora un paso al frente,

 

Que los vamos a perdonar.

 

***

 

Rumbo

 

Zarpa el día con sus éxtasis de máscaras.

 

En sus dominios somos

niños que se disfrazan

para poder reír.

 

Tampoco hoy soplarán los vientos

de la reparación.

 

La travesía

continúa.

 

Se oyen

más allá

y más acá

las mismas

respiraciones

débiles.

 

***

 

Memoria y filo

 

Noria del tiempo,

traspasa las aguas

 

ocultas del espíritu.

 

Calma esta sed,

danos de ver.

 

***

 

Lo que mueve las nubes

 

    Creo que fue la sonrisa,

    la sonrisa fue quien abrió la puerta

    Eugenio de Andrade

 

    Tu sonrisa no sirve para nada

    en este mundo infausto,

    insolente,

    inquisidor,

    impío.

 

    No sirve para nada tu sonrisa.

    Todo lo puede.

 

***

 

La duración de la partida

 

    Amantes despeinados, soñolientos,

    que se dicen adiós en los andenes

    y entre abrazos se besan y refulgen

    hermosamente desgarrados

    y únicos.

 

    Hacia ellos se dirigen los desiertos.

    La distancia despliega

    sus turbias, agotadoras, cartografías.

    El temor les requiere

    igual que un recién nacido que despertara

    hambriento y sollozando.

 

    Mira cómo se miran a los ojos:

    sus últimas palabras dibujan en el aire

    un quebradizo puente donde permanecer.

 

    Se estremecen,

    se juran no olvidar,

    consagran ese instante,

    se sueltan de la mano.

 

    El reloj de las minúsculas agujas

    se ha puesto en movimiento.

 

***

 

El idioma del laberinto

 

I

 

Nada se entiende en estos días:

 

¿No somos todos

extranjeros en la ciudad

del ruido y del dinero?

 

II

 

Frente a los signos vencidos,

el hambre de un lenguaje

diferente y crucial

que pudiera aprenderse

sin dificultad ni daño.

 

***

 

A veces, en la mañana,

el amor se hace despacio

sobre sábanas viejas,

y los cuerpos se niegan el saludo

y luego se precipitan, y se ajustan,

y así negocian y conviven,

como la arena y el escombro.

 

Y luego penumbra y pena

una cocina sucia

una escalera fría

una puerta cansada

que se abre

y se cierra.

 

Es la desgracia, amor,

que esta mañana

nos ha encontrado

revueltos

en rabia

en penumbra

y en vela.

 

*** 

Círculos concéntricos

 

El profesor dibujó

dos círculos perfectos

y seguidamente dijo:

¿veis?, como una rueda.

El niño inquirió:

sí, como unos ojos.

El profesor respondió:

no, como una rueda.

 

***

 

El loco

 

Mostró a los ancianos

su ropa empapada,

su pelo mojado,

sus manos llenas de barro.

La lluvia no llegará, le dijeron,

tú sabes que la lluvia no llegará.

 

***

Coyunturas

 

La noche envenenada

relaja su castigo,

destensa sus cadenas

y logramos dormir.

Rendidos y abrazados

subimos al tobogán del olvido.

Aquí no hay vértigo.

No hay daño aquí.

Somos aquí solo sombras

que son conducidas

por las sinuosas rampas.

Es tan ligero el viaje, y tan breve,

que puede adivinarse

desde allí el despertar.

No dejes de abrazarme en la mañana.

 

***

 

El curso de los vaticinios

 

Avanzábamos por un río

sin caudal

ni desembocadura.

Esa era nuestra casa.

El río fue haciéndose tan ancho

que dejamos de ver ambas orillas.

El río en el que crecimos.

Hasta dejar de ver ambas orillas.

 

***

 

Equilibrio

 

Todo está preparado.

Sobre el alambre

la gravedad del signo,

el hueco permanente,

la fatídica forma.

Bajo el alambre

la espera.

El alambre desaparece.

El quebranto calibra

sus balanzas.

 

***


La hora de los últimos duelos

 

En la casa destruida

el tiempo juega solo.

Lo hostil duerme ovillado

en la vigilia mísera del mundo.

Lo propicio reúne

sus cartas enigmáticas.

Las palabras empuñan todavía

el tormento,

el perdón.

Famélica espiral

de los vestigios.

 

***

 

Cuando acabe la guerra

vamos a construir

una gran escalera

con todos los fusiles

una escalera altísima

y cuando estemos

allá arriba,

en lo más alto,

vamos a pegarle un tiro

al primer ángel

que asome la cabeza.

 

***

 

Qué triste la vida

de una línea recta:

tan sola

tan recta

tan uniforme.

 

***

 

Ninguno de los dos

estaremos preparados

cuando llegue,

pero ese momento llegará

–siempre inoportuno,

siempre maleducado–.

Vendrás entonces a buscarme,

pronunciarás las palabras justas

y me darás

plácidamente

el último beso,

ese del que nadie se recupera.

 

***

 

La gran tormenta

 

 Cuando ya nadie la esperaba,

cuando ni los más viejos

se acordaban de ella,

llegó la gran tormenta.

Todos nos miramos entonces

pero ninguno dijo nada.

Lentamente salimos de la casa,

plantamos con fuerza

los pies en el barro

y comenzamos a desnudarnos,

como si aquella fuese

la última oportunidad

de conocernos.

 

***

El estratega

 

El estratega había calculado

todos los movimientos de su ejército.

Cualquier contratiempo estaba previsto:

decenas de dibujos y de esquemas,

hijos de la pasión y del insomnio,

atestaban su tienda de campaña.

Su táctica era perfecta, brillante,

quizás el mejor plan de asalto diseñado.

No cabía la sorpresa o el error:

la ciudad caería al anochecer.

 

Llamó a los oficiales de su ejército

y les reveló: mirad, mi táctica es hermosa.

 

La ciudad caerá al anochecer,

se decía cada mañana el estratega

mientras contemplaba en el horizonte

las altas murallas de la ciudad.

 

***

 

¡Agua!, rogó el sediento.

Y al instante

lo colmaron de agasajos,

de medallas,

de aplausos,

de vítores.

¡Agua! ¡Agua!,

fue lo último que logró decir

el agonizante.

 

***

 

Patria

 

Cuando le preguntaron al extranjero

por su procedencia,

éste señaló, uno a uno,

a todos los habitantes de la ciudad.

 

***

 

Igual que viajeros que descendieran del tren de los miedos

en un lugar sin estación

y plantaran los pies en la verdad de la tierra,

así despertamos al abierto corazón del mundo.

Algo barre entonces de los ojos el frío y la hojarasca:

unas palabras en una lengua cristalina

como un lugar donde refugiarse,

una canción para cantar juntos,

una complicidad que convierte el dolor

en cosa diminuta, en casi nada.

Hay signos que nos alcanzan

desde un país misterioso.

Hay signos en los que habita

un tiempo que amanece.

 

***

Las palabras y la guerra

 

I

 

Cerca de nosotros alguien quiere gritar,

pero se limita a escribir palabras sobre la arena.

 

Quiere gritar, pero se limita a escribir

palabras como habitantes numerados.

Palabras con los ojos cerrados.

Palabras adivinando la noche.

 

 II

 

Hay palabras que nos muerden la voz

como perros nerviosos que escaparan del fuego.

Palabras que rompen los cercados del tiempo.

Palabras que despiertan. Hay palabras.

 

 III

 

En mitad de la guerra hay palabras

audaces y sencillas.

Palabras que dibujan un horizonte,

y en él una mujer, silbando una canción,

que trae tierra en los labios

y en sus manos sostiene

un viento frío de amor y de espanto.

 

***

 

Al final de los tiempos,

cuando todo esto haya acabado

al final de los tiempos

cuando tengamos el cuerpo

tatuado de banderas

cuando tan sólo existan

las afueras de lo que fuimos

al final de los tiempos

te esperaré sentado

en la montaña más alta

tú me reconocerás por el sombrero

al final de los tiempos

tú vendrás volando

para anunciarme

el final de la guerra.

 

***

 

El amor es ciego

 

ÉL la quería,

         pero eso de las miradas

         le parecía una pérdida de tiempo.

ELLA simplemente le quería, sin más.

         Decidieron no volver a verse.

Se sacaron los ojos y confiaron

         ciegamente

         en el tacto

 

***.

El amor es un pato dando vueltas en un estanque

 

Avísame cuando vuelvas.

Iré a recogerte a la estación

y podremos tomar un café

antes de ir a casa,

ya verás como todo

volverá a ser como antes.

Luego te marcharás

–porque sé que te marcharás–

dejando a tu paso un sendero

de flores pisoteadas

pero volverás

–porque sé que volverás–

iré a recogerte a la estación

y podremos tomar un café

antes de ir a casa

y ya verás

ya verás como todo

volverá a ser como antes.

Avísame cuando vuelvas.

 

***

 

Ellos,

quienesquiera que seamos,

siempre serán más.

 

Nosotros,

quienesquiera que sean,

siempre seremos menos.

 

Una vez dicho esto

pasemos a la acción.

 

***

 

Cacería

 

 Cada una 

de las palabras

que componen

este poema

es una paloma

abatida 

a balazos.

 

***

 

El desencanto

 

 Tocamos el desencanto

que se acerca

como campanadas

nocturnas

anunciando

el último desarme.

 

Tocamos el desencanto

con la yema de los dedos

con los dedos en llamas.

A golpes de silencio

tocamos el desencanto,

nos tocamos.

 

***

No hay razón para preocuparse

 

 Queda tanto tiempo, queda tanto lugar,

que seguro algún día acabamos abrazados

igual que dos piedras empujadas por el viento.

Igual que las piedras, cuando cesa el viento,

caen en la tierra, se observan, 

se atragantan de distancia,

deseamos ese soplo violento 

que nos agite en el aire, y nos una

o nos disperse.

Deseamos ese viento aunque nos golpee 

contra el muro, aunque nos hunda en la ciénaga.

Deseamos ese viento porque necesitamos la vida.

Pero ya no queremos esperar.

No debemos someternos a un viento

ajeno y caprichoso,

no podemos aguardar sentados

su inesperado golpe de mar.

Seamos por tanto piedras que provoquen el viento,

alcémonos como una ventisca de sal y arena.

Esta vez vamos a decidir nosotros la dirección.

Y vamos a decidir entonces derribar el muro,

bebernos de un sorbo la ciénaga,

y retorcernos luego con un silbido agudo

hasta irritar los ojos de los más incrédulos.

Que esta vez sean ellos los que aúllen de dolor.

 

***

 

Ninguno de los dos

estaremos preparados

cuando llegue,

pero ese momento llegará

–siempre inoportuno,

siempre maleducado–.

Vendrás entonces a buscarme,

pronunciarás las palabras justas

y me darás

plácidamente

el último beso,

ese del que nadie se recupera.

 

***

 

Advertencia

 

No te equivoques.

Aquí casi nunca llueve

las noches son eternas

la comida escasa

la lágrima fácil

aquí casi nunca llueve.

No te equivoques,

este es nuestro hogar,

¿o es que no te habías dado cuenta?

 

***

 

Aquí todavía

 

 Nací en las ciudades.

Hui de la ciudad de mis padres.

Busqué personas con piel de arcilla,

tuve un sombrero,

ascendí por mujeres de yedra,

supe del milagro y la desolación.

La muerte que he visto

no ha ganado aún mis ojos.

Descubrí que la mejor forma de vivir

era no trabajar para el enemigo.

 

***

 

Consejo de un perro

 

No entierres el hueso

para rescatarlo mañana.

Te sabrá a tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

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