"La poesía como hija primogénita de la inspiración

2026-10-18

Martín Lorenzo

El poeta y narrador jiennense Martín Lorenzo Paredes Aparicio, licenciado en Derecho, ha publicado ya varios poemarios (entre ellos La voz de los callados, de 2018) y también varios libros de relatos, articulados fundamentalmente en torno a la ciudad de Jaén, tratada como espacio literario reconocible y escenario de conflictos sociales y de memoria histórica. En su poesía prevalece más la presencia de la vida familiar y de lo cotidiano como núcleo de la experiencia lírica, mientras que en los relatos se reflejan motivos como el destierro interior, la preservación del patrimonio y la representación de personajes situados en los márgenes urbanos.

Pertenece a esa generación de escritores andaluces que han encontrado en la literatura territorial una forma de resistencia contra la desmemoria centralista, fusionando el costumbrismo del siglo XIX con realismo mágico contemporáneo.

El tono elegíaco de su obra nunca cae en nostalgia paralizante porque lo alterna con una indignación combativa. Su poética se fundamenta, según él mismo, en:

- Parte del hecho creativo intuitivo para después meditar, analizar y completar sosegadamente lo creado.

- En su poesía utiliza el estilo directo y conversacional, alejado de complejidades metafóricas, abordando las temáticas más domésticas con una profunda carga existencial y simbólica, al mismo tiempo que utiliza el entorno local y familiar como inspiración.

-  Su poesía es un espacio de encuentro y generosidad, frente a la rivalidad y el enfrentamiento, un lugar de puesta en común y apoyo mutuo.

En sus propias palabras:

Cuando escribo poesía soy más anárquico, muy visceral, al principio. Después, cuando creo que tengo el poema, llega la calma, el análisis, la construcción del poema.

La poesía es la hija primogénita de la inspiración, pero también tiene una relación filiar con el trabajo. Un buen poema necesita muchas horas de estudio.

La poesía es el alma de la literatura, y nutre de fuerza y sentimiento a la narrativa. Una buena historia tiene que estar condimentada con pasión y belleza.

Pues vayamos a comprobarlo en estos poemas que os he escogido:

Camino

 

La primavera cruza las postrimerías del invierno

y los vencejos reniegan de su condición de emigrantes.

Como todos los días, desde aquellos de Lisboa,

vas al hospital.

Los pasillos ya saben tu nombre

y la luz filtrada por las ventanas

escolta la paciencia de tus ojos.

Vas contenta, con tu traje de enfermera.

La devoción al Dios, que tú admiras,

empieza en la sala de quimioterapia.

Los primeros pacientes del día

se encomiendan a la habilidad de tus manos

y al consejo de la experiencia.

“No tengan miedo, todo va a salir bien.

Pronto volverán a la ternura de sus hogares.

La llama de la victoria destruirá

las células del miedo”.

Les dices.

 

***

 

Maldita guerra

 

La guerra existe porque el hombre la ha inventado. No va a la guerra el hombre viejo. Este decide quedarse en su castillo de piedra y jugar a general.

Es entonces cuando llaman a los hombres jóvenes y todavía buenos. Y van a la batalla y comienzan a caer igual que caen las hojas de un árbol en un otoño triste y melancólico.

El hombre viejo, les habla de banderas, de soles dorados que nunca se apagan. Y otra vez el hombre joven e ingenuo se lo cree. Y va a la guerra

y su misión se convierte para él en divina.

La guerra no es una palabra bella. Es sangre y martirio.

Es vanidad y gloria para el hombre viejo. Bebe la sangre del hombre joven e ingenuo para postergar su poder y existencia.

Fuera las guerras y las banderas. Sigamos el dulce camino de la libertad, donde sí habrá soles dorados que se apagarán para renacer otro día.

Y brillarán cuando el hombre sepa escribir la palabra paz.

 

***

 

Puesta de sol

 

Te derramas en el mar. Frente a mí. Luz de mi último

suspiro.

Un hombre camina ciego por la orilla.

El perro corre, sin entender.

La luz deja paso a la noche, aunque no se ven

las estrellas.

Es verdad que se ve el cielo y la luna asciende sin prisa.

Sangre creciente que enciende los últimos sueños

de la tarde.

Aún existe la esperanza: el hombre ciego quizá pueda

ver.

No hay luz más fuerte que la de este poema.

 

***

 

El loco

 

Otra vez ha mirado por la ventana.

La nieve apenas lejana se divisa.

Dicen que lo han encerrado por demente.

Solo sabe decir la verdad.

Su única virtud matar la mentira.

 

Pero a pesar de todo le han vuelto a bajar las cortinas.

 

Ya ha vuelto a nevar, el cielo se solidariza

con el más débil,

y no muestra la belleza del mundo a los demás.

 

Es febrero y el cuerdo descansa al cobijo de la placidez de su mundo inventado, mientras el loco es devuelto

al mundo de las sombras.

No precisa más atención. Solo vigilarlo para no alterar la conciencia de los otros.

La nieve no es igual para todos.

Esta es la historia de un loco triste.

 

***

 

Natalia

 

Dejas atrás el aire de la noche.

Y hallas el límite en otro lugar.

Y los pasos que rompen invisibles

la quietud de la acera sin un alma.

Y sola con el viento que te empuja

llegas a descender por el sendero

para buscar la plaza donde existe

el sueño que al principio creías

que no era tuyo, o no quisiste vivirlo.

Ahora llega ya, sin importarle,

alguien con la noticia, con el nombre

que nunca deberías de saber.

Eres la luz, de las noches espejo.

Eres la nada, lo claro, la ausencia.

 

***

 

Invisible

 

Agazapado en tu banco. Solo con un litro que

calma la sed de tu alma.

Nadie repara en ti. Y eso te duele.

Ser invisible es tu destino.

La plaza en la que descansas es un cuadro que nadie mira.

Hay lágrimas en tu rostro. Y una arruga eterna cuyo

surco no compadece ni al corazón más

débil.

Y tú que siempre has buscado rosas en el corazón de

los que amas, siempre te han dado

espinas.

Para que soportes el dolor y la indiferencia

de una sociedad que ni a sí misma

se soporta.

 

***

 

IV

 

Cuando la guerra de Ucrania estalló,

yo estaba celebrando

el cumpleaños de mi hija.

La imagen de la llama de la lucha

se mezclaba en el cristal

de la mesa, con las velas.

La tarta, también, iba a explotar.

Pero, existe otro conflicto.

En la plaza de abajo,

reos de la belleza de las hojas,

malviven los otros,

esperando el nacimiento

del sol. Natalia acaba de descubrirlos.

 

***

 

Le llaman Quico

(Le quieren poco en el barrio)

 

I

 

Al borde de la calle se desliza la voz del mendigo.

No pide solo una moneda. Reza por una mirada,

por un hola que interrumpa su monotonía.

Quizá piense que es mejor estar muerto.

Pero el bullicio de una mañana cualquiera le anima

a intentar seguir viviendo, agarrándose al sonido futuro

de esa palabra para volver a creer en sí mismo y en la humanidad.

Alguien desde el cielo, desde el azul derramado, le obliga a aguantar; aún no ha llegado su hora.

Y el mendigo piensa si su sacrificio nuevamente

merecerá la pena.

Y por fin aparece esa voz acompañada

por el suave tintineo de una moneda.

Y libre de su cíclica misión parte a ese cielo,

como ya lo hizo dos mil años antes.

Se renueva el pacto de amor y esperanza con el mundo.

 

***

 

XVII

 

Antes, las noches eran invisibles.

Apenas, un ruido,

un murmullo.

Ahora, son coto privado

de las niñas.

Sus desvelos aciertan y te apresan.

 

Madrugadas sin dormir.

Y las calles, con sus cielos abiertos,

el secreto descubren

de tus pasos.

Y tu mañana empieza en una sala

de quimioterapia.

 

***

 

Diario de un refugiado

(Todos somos Siria)

 

La tarde oscurece la sombra del reloj.

Hay pájaros en la torre grande de la Catedral.

No consigo ver las agujas y no distingo la hora.

La luz del ocaso ciega mis ojos.

Otra vez suenan las mismas voces.

Los mismos gritos.

No hay sueño más triste.

En la esquina del acantilado reposa la felicidad que nunca tendremos.

Después de mucho tiempo, he vuelto a despertar en la orilla de esta playa.

A mi lado yace alguien que ayer vivía.

 

***

 

XLIII

(A mi hija de cuatro años)

 

Acuérdate, Julia,

de la luz del

Mediterráneo.

Con dos años, ya lo habías visto.

Eras valiente, tocar siempre el mar

querías.

Todavía sigues haciéndolo.

Salvar vidas en el azul

es el hilo de tu destino.

Las primeras palabras de este poema

son muy ciertas.

Sin embargo, tus veranos son cuatro.

Sé que tu ventura

será entrar en el mar de tu infancia,

donde las olas

pronuncian con alegría tu nombre.

 

***

 

Día de Reyes

(Sus majestades no llegan a todos)

 

Tarde, han llegado tarde; no han llegado.

El reloj pronuncia con sigilo las horas, sorprendido.

La ambulancia escoltada por la niebla que rozaba el suelo, el asfalto corrompido por papel de caramelo, por confeti,

por una altiva hipocresía.

 

Y tú, niño pobre, aún despierto, escondido en la penumbra, en los labios de una vela, para no molestar, para no hacer ruido. Para no asustar a ese Rey Mgo que todos los cinco de enero o seis, depende del ánimo del camello, cuentan que llega.

Al menos eso te dijeron en el patio del colegio.

 

Las dos de la mañana, las tres, los mismos papeles tirados en el suelo. La misma ambulancia, el mismo camino.

Solo la nieve te arroja de tu sueño.

 

Una vez más la magia no ha aparecido por tu casa de cristales rotos, de amenazas y conversaciones violentas.

Tus calles sin asfaltar insultan la dignidad de sus majestades y los altaneros camellos no se atreven a cruzar entre veredas de temor y espinas.

 

¿Pero qué culpa tienes tú?

 

Y, cansado, apenas eres un Ángel, decides dormir para siempre.

Y ver a tu Dios, el admirado, en el más pobre de los pesebres.

 

La mañana brota desde el alba, un grito de unos padres clama al cielo, pidiendo compasión para un ángel.

 

Frío y escarcha. Mañana negra.

 

 

***

 

El sueño, siempre, es el mismo.

Un animal que quiere devorarte.

Llevas con esta pesadilla más de dos años.

Aparece de forma alterna,

principalmente en los días impares.

Lo impar ha inspirado más terror que el par,

desde tiempos inmemoriales.

Trece eran las brujas que se reunían en las cuevas de Salcar.

Ya no sabes cómo detener este mal sueño.

Has visitado a todos los loqueros de tu ciudad,

y el diagnóstico siempre es el mismo:

obsesionado con hallar el cuento,

el poema perfecto.

Hoy, parece que tu último psiquiatra ha dado con la clave.

Tu escritura, tu poesía, quizá,

esté llena de símbolos.

Y de símbolos no puedes vivir,

querido amigo,

Vives en un mundo real, e

n el que lo cotidiano es el sendero más luminoso.

Olvídate de las metáforas,

borra todas las imágenes.

Que tu poesía viva de la experiencia.

Los símbolos y las metáforas son una desviación

de nuestra naturaleza psíquica.

Nos alejan de lo real,

de lo que, verdaderamente, importa.

Los poemas que nos acercan a lo farragoso,

a lo que desvela la impostura,

es lo que te va a salvar,

aprendiz de poeta.

Con el tiempo,

serás un gran poeta

si sigues por esta vía.

Apuesta por poetas como Pizarnik, Plath,

los de la Generación Beat

que cultivaban en sus poemas la tristeza y la melancolía.

Sus poesías te indicarán el camino

en el que podrás escoger el suicidio más hermoso.

La poesía se ha creado para sufrir

no para sentir.

La sensibilidad,

la búsqueda de lo bello para celebrar la vida

es una incongruencia.

El clasicismo es una escuela de malos poetas.

Olvida sus enseñanzas,

céntrate en averiguar

por qué has estado escribiendo de forma equivocada.

La ruptura será la flor que te salve.

La poesía, cuando conduce a lo bello,

nunca es poesía.

Tú, discípulo de poetas,

sé más constante.

Intenta que, en tus poemas,

haya algo de reflexión.

Inspírate en las escuelas de filosofía.

Que el poema tenga una finalidad metafísica.

Que tu escritura nos lleve a algún sitio.

De este modo,

el sueño que te atormenta dejará de visitarte.

El animal Lovecraftiano dejará de atormentarte.

 

***

 

Traditio Mortis

 

I

Existe un duelo en mi alma ya clavado.

Una pena negra como lo oscuro.

Me quitaron la infancia, lo más puro.

Ya no sueño, ya no vuelvo al pasado.

 

Han robado la tradición que persigo.

Han matado la verdad del mayor.

Nadie clama y grita por el dolor

de este Jaén que solo llora conmigo.

 

Y en mi mirada la pena excavada

para enterrar mi voz, para olvidar

la palabra que a mí me han legado.

 

Y una flor sin los pétalos amados.

Y una cruz sin flores que la sostenga.

Un Jaén por sus hermanos olvidado.

 

***

 

Adoquines

(A ti piedra antigua el que manda no te respeta)

 

III

Te desclavaron de una alta montaña.

Ciudad perdida y sin esperanza.

Tus sueños se pierden en la lontananza.

¿Habrá para ti un nuevo mañana?

 

Un mal yugo de siglos te sujeta.

Cuerda que te ahoga y doblega

a un destino tuyo que no despega.

Sino que parece que por fin inquieta

 

a esa voz tuya que parece muerta.

Para alzarse muy alta y resuelta

y ser trueno que al pueblo despierta.

 

Y el tirano político que te envilece

por fin se arruga y leve asiente

a la demanda de tu alma que convence.

 

***

 

Voz cobarde

 

Hay una hoz que calla y unos ojos que no miran

el sufrimiento del que sufre.

Una voz injusta que no condena el asesinato de una mujer, del hombre, de un migrante. del refugiado.

Una voz invisible a la muerte del ser humano.

Y esa voz es una voz furtiva.

Se esconde en la luz tenue de la noche y no es capaz de hablar. Siempre agazapada tras el ocaso.

No se atreve a mirar al pájaro que canta en la rama, cuando las flores crecen tiernas en los días luminosos

del mes de mayo.

Una voz inerte que se olvida del lamento de las piedras que desaparecen rápido como las hojas que caen de los árboles cuando el mes se llama noviembre y es amarillo. Es una voz temerosa de transformarse, de hablar.

Esta voz sigue asustada por el miedo fabricado por unos cuantos que nos dominan. Esta voz es también, nuestra voz, atrapada en el corazón Y se retuerce en el pecho,

ahogada, esperando un impulso para salir.

Es una voz, que es ciertamente tuya, silenciosa, angustiada, por no poder gritar y levantar los ojos.

Pero llegará el día y la voz muda se convertirá

en Esperanza.

Y será una voz viva y declamará libre

y su eco será tan veloz como el ave que vuela.

 

***

 

Desahucio

 

A tu mano me agarro como la raíz del árbol a la dura tierra.

Como el pájaro vuela disperso entre las nubes llora de pena el niño

que abandona su casa.

Me agarro a ti que todo lo puedes y en la oscura noche pido que paren los desahucios.

Que la aurora negra se revuelva y muera en la montaña

y se torne luz blanca.

La noche se pierde en un hondo desasosiego,

no hay esperanza para el que no tiene.

Y siempre sufre en un silencio conocido.

Y alzar su voz no le dejan.

Y su mundo se detiene en la noticia triste

y ligera de un periódico.

No existe el clavel para la madre.

No existe la oportunidad de despertar de un mal sueño.

A ti Dios de los pobres me encomiendo, en esta batalla perdida.

Concede al que no tiene la victoria menos pírrica posible.

Que salga indemne para poder mantener la flor de su dignidad.

Y en el camino de su nueva vida encuentre

una morada donde repose su alma.

Y no se avergüence de ser humano

y haber convivido entre los mismos.


 

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