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"Visibilizando el trabajo de la mujer y reivindicando su espacio |
2026-07-12

Sofía Castañón

Empecemos con estas palabras reveladoras de Sofía: Hagamos un ejercicio de memoria: ¿Cuántos nombres de mujeres poetas recordamos de la Generación del 98, o de la Generación del 27, o de la Generación de los 50? Pues no, ninguno, pero no es porque nos falle la memoria, es porque no están en el currículum académico. Y si a alguien le ha venido a la cabeza Concha Méndez o Ángela Figueras, es que ha tenido un profesorado bastante implicado, sin duda... ... Inercia, por ejemplo, es que durante 50 años tan solo 5 mujeres hayan ganado el Premio de la Crítica, o el Premio Nacional de Poesía, o que cada vez que cogemos una antología en la que hay 20 nombres de poetas que acabarán constituyendo el canon que llegará a las escuelas, en la clase de Historia de la Literatura, haya una mujer, si es que se la incluye.
Pues sí, Sofía Fernández Castañón (Xixón, 1983, hija de la escritora asturiana Laura Castañón), poeta feminista y realizadora audiovisual. Ha trabajado en prensa escrita, televisión y radio y recibido varios premios de poesía y por proyectos artísticos. Ha publicado varios poemarios, tanto en castellano como en asturiano, y plaquettes.
También ha dirigido videoclips, documentales, piezas para televisión. Es la directora del largometraje documental Se dice poeta (2014) y del mediometraje Que sirva de ejemplo (2021). Dirige el espectáculo poético-musical Ser quien a cantar, estrenado a finales de 2024.
Por último, resaltar que desde 2015 a 2023 ha participado activamente en política desde su militancia en Podemos.
La poesía de Sofía Castañón nace del desconcierto ante un mundo adulto que a la poeta le resulta incomprensible por sus continuas contradicciones y por su carencia de ideales. La poesía se convierte así en el diario donde ella anota, como instantáneas fotográficas, estos desencuentros entre el yo, que aún confía honestamente en muchas promesas recibidas durante su infancia, y la realidad inmediata, que destroza todas esas expectativas. Y esto ocurre tanto en el ámbito personal como en el social No obstante, si la poeta persiste en su escritura es porque todavía nadie ha socavado totalmente sus expectativas fundamentales; de manera que su poesía, a pesar de su mucho esfuerzo, sigue siendo una puerta abierta a la libertad creadora, tanto en el plano poético como en la realidad vital de cada persona, en cuyas manos está reconstruir el mundo.
Por ello, sus versos se encarnan en una expresión llena de presuposiciones, omisiones y de frases sincopadas, pues la percepción de tantas contradicciones en el mundo cotidiano apenas le da tiempo para ordenar los elementos o para reflexionar sosegadamente sobre ellos. Y, precisamente en esa relativa ausencia de orden lógico y en las mismas omisiones, quien los lee revive, de modo natural, la complejidad de la existencia diaria.
Como siempre, podréis conocer más aspectos de su trabajo en las redes, entrando en la lectura de sus libros y, para abrir boca, disfrutando de algunos de estos poemas que os he seleccionado:
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Familia fue aquello que se rompió por una herencia o un chisme, un rumor vecinal —estos pueblos pequeños, esas vidas vacías, ya se sabe— y nadie lloró desde entonces al morirse un primo o un hermano. Unamuno ya nos avisó de los estragos de Caín: un siglo después este país sigue apretando demasiado al dar la mano.
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Tan intenso
Sólo te pido que no seas tan intenso sólo que si llego tarde y no hay calma en el pasillo y la gata se enganchó con las cortinas y tú con el cable inexistente del teléfono no seas tan intenso
rompe una taza un plato un espejo mi vinilo del Morrison Hotel y grita asomado al balcón en busca de las dos horas perdidas del pedazo de vida que yo tengo y tú no
pero te pido que no se te vidrien los ojos ni enrojezcas la nariz ni sientas vértigo ni llores por la cena especial que preparaste
te pido que no seas tan intenso porque es difícil vivir y aceptar el paro las distancias los atascos las subidas el precio de un pedazo de vida que unos tienen y otros no
no seas tan intenso: Baudelaire no pagaba nuestro crédito
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Habitación fértil
Echó raíces un cerezo justo en el regazo de la madera. En el suelo del cuarto de la niña se retuercen destinos hacia abajo.
El árbol es un árbol nocturno. Lo invoca la mujer de las lágrimas del quinto. Sólo necesita del silencio adecuado y crece casi todas las noches en medio del cuarto un tronco sin hijos.
La niña conoce de la ciudad oscura la respiración de un cerezo. Que sólo esté de noche o que aparezca como reaparecen las dudas deja entre su pelo cápsulas de pánico.
En el interior, el árbol. La misma postura que un muerto a la puerta de la casa donde vivió.
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Sutura
Cómo se ha cerrado esta fisura. best replica watches Porque esto no es una pared, un jarrón con agua congelada o la grieta goteante de un silencio.
Cómo se han cerrado otras fisuras, cuando los alveolos estallaban y nos ahogábamos en aire.
Quiénes, dónde trabajan y cuánto declaran al año de estas curas. Nos han asaltado con sus batas blancas, con un cinto blanco de sonrisa y se han puesto a cerrarnos heridas que antes no eran blancas.
Una mañana desperté con el pecho abierto y antes del zumo ya había en él gladiolos cerca del esternón. Una mañana el abismo reposaba tranquilo en mi regazo. Y a la siguiente, nada.
Fue como si descargaran un camión de plaquetas, el cierre de una mina abierta en la que no moría nadie.
Sin denuncias, sin molestias, y aun así esta presa para contener cerraditos los órganos. Que no se te escape el oxígeno. Que no albergues acantilados. Que eso no se hace. Que el monopolio de las aperturas lo tienen otros y saben respetar el horario.
Cómo se ha cerrado esta fisura. Cuándo fue la inmersión, la desmemoria.
Yo tenía un campo abierto en el pecho y ahora sólo líquido amniótico, sosegada carencia.
Pero antes nos surcaban zanjas. Nevaba y en las manos nos crecían granadas blancas. Las hundíamos en los demás cuerpos.
Nos cerraron nuestra luz insoportable.
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Me llamo Sofía y desde niña he oído que es nombre de reina. Me llamo Sofía como los pasos oscuros de mi abuela antes de que un tren me dejara sólo un nombre y un vacío en la memoria. Me llamo Sofía igual que el conocimiento, me recuerdan quienes saben tres palabras en griego y tienen muy poco que contar. Me llamo Sofía y nunca me dicen como Coppola, como Marceu, como esa de Kill Bill a la que le cortaban los dos brazos. Y me disculpo por no tener a Jostein Gäarder en mi mundo, por no querer estar en el candelabro, por no tener de Bulgaria más que una postal que no era para mí. Me llamo Sofía y desde niña he oído que es nombre de reina y también que por aquí llueve mucho y que antes se leía más y que los niños ya no saben jugar y tantas otras conversaciones de ascensor. Por eso para evitarnos tanto tópico y tanto rollo monárquico quisiera llamarme de vez en cuando Dolores, Virginia, Margarite y hablar también de revolución.
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Poética
Hay una máquina de CocaCola en la antesala de la mina. Mina no es una metáfora. Mina es el carbón en la frente y el sudor en las manos. La mina de mi abuelo. Puede que también de tu abuelo. Mina negra. Mina grisú. CocaCola es lo que aparece en la caja de luz donde los hombres se cambian y cambian palabras -`porque así no piensan- y esperan sin céntimos para la máquina. En la antesala de la mina no hay ninguna metáfora. Hay una máquina de CocaCola muy luminosa y muy blanca. Y nadie la toca.
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The battle of evenmore
Levántate, y levanta el mundo que de noche no existe —qué haces cuando no sueñas construcciones— levántate. No digas ayer, no digas alcohol. Todos reíais anoche con la vida en la glotis. Pon muy alta la música, que duela lo justo el haber sido una irresponsable. Que duela el haber sido y hoy sólo estar. Levántate. No basta.
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La habitación de la que no se habla
El hombre sin número y sin taza no se quedará al desayuno. El hombre quisiera ser niño y llegar de la mano de la niña como se llega invitado a una casa para un juego.
Pasar la noche entre pinturas de manos, manchar la madera de ahí, y manchar la chaqueta negra y manchar el cuerpo de todo aquello que aún respira.
El hombre sin número es un niño. Cuero, ideas, arrugas.
La niña es trampa. En la cadera le pinta una filacteria de prosa.
De lejos, sólo dos niños dejando que todo suceda. Como ríen nadie ve la grieta que al fondo se expande.
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Comunidad de expertos
No debería ser importante conocer el nombre del árbol. No para ti, para mí, o para este poema. El árbol debería estar y estar siempre convenciéndonos con sus hojas frente al aire, permanecer porque este tronco mira hacia arriba. No debería ser importante que en mi casa lo llamemos texu ni que a su alrededor crezca fértil la leyenda, o la memoria. No debería decir en estas líneas el nombre del árbol, ni siquiera que junto a él huele espesa la flor de la mimosa.
Poderosamente llega febrero y la tierra aún no ha tenido que guardarte. La fortuna de tu cuerpo sigue aquí arriba y este árbol de momento no tiene ningún nombre.
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Todos los caminos llevan a Roma
Esta vida es un valle de lágrimas.
Y tú que no, que hay palabras hermosas y canciones y perros y niños. Que este mundo tiene una sonrisa por alguna parte. Y para buscarla te vuelcas en la noche y la boca del lobo te sabe a metal.
Y entonces resulta que vives porque estás llorando.
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Christine´s world
Siempre fue el mundo de mamá. A nadie más podría pertenecerle una imagen tan injusta: la infinita desproporción entre obstáculo y patria. Ni Sergio ni yo sabíamos quién era Christine, menos aún que las piernas no le servían. Aunque sí entendíamos que estaba enferma. Sólo los enfermos se quedan así de tristes, incapaces de llegar a su casa.
Donde mi madre tenga una habitación estará el cuadro. Yo ocupo en una suerte de herencia momentánea su rincón antiguo. En la pared sigue el cerco de la imagen que estuvo. Yo me siento también contorno algunas veces.
Tendré que buscarme un cuadro, Salgo a la calle. No digo patria.
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Anamnesis
Hablamos de la mañana ancha temiendo que conociesen nuestro secreto, que nos pasasen coches por encima al descubrir -ellos, que siempre van con prisa- que tenemos alquitrán en el pecho, que padecemos la gripe de los siameses o alguna otra alergia tan mortal como perder un órgano o un hueso hermano. La mañana ancha, el sol que parecía inofensivo, nosotros tan vivos y con tanto miedo.
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Los anillos de Cristina
La chica más guapa de la clase - mágica, los ojos azules y tan morena, como si pudiera romper las leyes de los plastidecor- hacía mis trabajos de manuales. No era gratis, a ella le gustaba mi vecino. Y como todas las chicas que de verdad son guapas se moría de timidez.
Su padre era marinero, nos contaba, y cuando volvía le regalaba anillos plateados y todas mirábamos sus manos, hábiles y brillantes con pubescente envidia.
Sólo cuando dejas el colegio y el blanco de los ojos no es tan blanco descubres qué clase de tipo era su padre.
Y un día, por trabajo, vas al módulo libre de drogas de la cárcel regional y confirmas el rumor. Y la ves allí con ojos aún de niña guapa y tantos, tantos anillos en la vida plateada. *** |
Las manos
Ahora esconde las manos.
Esas buenas manos de mi abuela con las que me acariciaba el pelo y me llamaba rosa vida, anxelín rubiu y guapu. Esas manos.
Esas manos sabias de mi abuela que volvieron cálido el invierno tejiendo mantas mejores que las de cualquier Penélope, que volvían la pena risa con sólo dejarme la caja de botones para jugar. Esas manos.
Hoy se apuntó a un curso de internet y no quiere que nadie vea esas manos, dice que están viejas, feas, oscuras de tanto trabajar la tierra.
Ahora, mi abuela, esconde las manos y no se atreve a tocar el teclado del ordenador. Y yo, tan lejos como continúo de mí misma, no le digo que esas manos me hicieron creer tantas veces en la vida, no le digo que esas son las manos más bonitas que nunca tocaron la tierra.
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Video did not kill the radio star
I La ropa blanca de la casa la madera que al mojarse se ha hinchado. Una corriente de aire y olor a lejía.
Parece que alguien quiso borrar el rastro de aquello, lo que fuera. No se entiende.
Ella los sigue viendo. Sabe que la casa de los dos se hizo sólo con clavos. Dice que están por todas partes. No quiere pisar el suelo.
No quiere bajarse de la cama.
II Que en ese perfil, siempre tan triste. Hoy son noventa años después y nos duelen los ojos.
Que en retratar el dolor tranquilo.
¿Querías decir que tu amor era una manía moderada? ¿Que fuiste aceptablemente feliz algún tiempo?
Que preferías quererla a ella que ya estaba rota. Querer a quien ya no se podrá nunca estropear.
III Me creo que estas neuronas son magnéticas, que vivimos en un campo de fuerza. Quizás éste sea otro modo de exterminio.
Me cuentas que él confunde monedas. Con todo, guardamos una alegría pequeña como un pájaro: hay nombres de los que aún no duda.
Sin rendirte, la ventana.
¿Cuándo crecieron todos estos árboles?
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Hay un hombre que lo sabe: este encierro blanco no va a ser para mucho tiempo. Dudo si habla de la nevada o busca darse ánimos.
A la puerta de casa, quietas, las botas de lluvia de su mujer. Hace años que no tiene el valor de meterlas dentro o tirarlas.
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Imagino a los hombres y mujeres que conocieron el vértigo a principios del XX.
Nosotros, anoche veíamos pasar un tren iluminado por el flexo del dormitorio. Ya entonces supimos que la velocidad nos arrollaría o acabaría por ser el abandono acariciándonos el pelo en la próxima estación.
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Origami
¿Sabes ese vértigo al doblar un papel sin saber si será un pájaro o un velero?
Como el de hacer una nube con palabras que resuman un año en el mundo, una noche sencilla.
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Hay palabras de plástico sentimientos de plástico y caras de plástico, te dije el día que hablamos de Jude Low. Y tú, con las manos llenas de tierra, me enseñaste que por dentro somos sucios y hermosos.
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Mi gata y yo asomadas al balcón nos imaginamos ligeras
y no me atrevo a decirle que desde hace ya unos días es de papel de orejas a cola
no me atrevo por si sale volando
y la sigo
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Alambre
La justa medida las cosas no puede medirse.
Que el vaso con agua quedó con la cantidad precisa sólo podemos saberlo después.
Todo es lo adecuado cuando todo sale bien.
El estar ocurrió sin construcción alguna. Y sobre lo no edificado no hay quién nivele.
El equilibrio no se piensa sobre el alambre. Estamos en él.
Nos decimos: Este alambre es una fortuna.
A no ser, claro, que sea sólo un alambre.
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Mujer corre y se cruza con la mujer que salía a correr hace meses
El ritmo al que vas fragmenta los árboles. Son verde, corteza, luz entre las hojas. Como si alguien trasquilara el metraje de esta película tuya. [comparar la vida con el cine parece pobre para un poema]
¿Quién corre hoy con tu cuerpo? ¿Te pareces al latido de hace unos meses? ¿Han aprendido algo tus músculos? ¿El amor te cambió el espacio entre las vértebras?
¿Quién corre hoy con tu cuerpo? Verde, corteza, luz. ¿Qué en ti es carrera interna? Piedras, ramas, hojas.
Asumes la respiración fragmentada. Como los árboles.
¿Admitimos que es fragmento también el idioma con el que se hizo tu nombre?
***
Hoy tampoco llegamos a Oz No lo intentes: en las baldosas que miras —las de la cocina, donde nunca llegamos a comernos— no hay huellas de pasos perdidos. Primero, mucho antes de cualquier búsqueda, está el camino. Y para eso hay que mancharse los pies.
***
Amo a ese que te habita, como las mujeres gordas y deprimidas se enamoran de condenados a muerte y les envían cartas con pasión y frases hechas desde Nebraska, Maryland, Carolina del Norte. Amo al preso famélico que casi no siente la luz -es ahí donde reside toda belleza- y al que tienes mudo, mani- atado con la misma soga de la que lo quieres colgar. Amo al recluso tatuado con las confesiones que te callas, que no teme ser sencillo o tópico o normal. Lo amo tranquila, sin miedo a su muerte porque sabemos los tres que él ha de estar siempre y aun privado de alas controla todos tus vuelos.
Todavía hay restos de cera en los brazos de Ícaro. Se la quito en los bis a bis que nos permites.
***
Libre
Aquí la lluvia en la ventana. Se agolpa, se va, se mezcla con la madera verde.
A este aire le conoces la rutina. Cuando sopla fuerte provoca el llanto. Pero no ahora que, en casa, llueve y ves llover.
Como quien pone una fecha falsa y firma con su nombre real.
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Ten siempre las manos limpias y la mirada nueva. Así, en caso de accidente o peor -que me violaran, supongo- nadie pensará que no eres una moza curiosa
O
sécate con cuidado al salir de la ducha, ya viste que Serafín, de los del Requexu, no lo tuvo y murió de una descarga por tocar la lavadora el día que se casaba.
Nadie puede contradecir a una abuela.
Nadie espera que nos devuelvan la mirada inocente.
***
No duden, señores, señoritas, en asomar sus narices por este humilde tendal. En sus cuatro aristas, en sus más de doscientas líneas que no conducen a ninguna parte que no sustentan más que trapos,
encontrarán pieces de lencería rebajadas -la última hora nunca es bonita en ningún bar- restos de medias con agujeros -y nadie sabe ya cómo arrancar nada sin morder demasiado- una combinación estropeada por la lejía -ya no sabemos borrar el recuerdo de algunas bacterias- y ligueros estropajos corazones las tapas de un tacón. Acérquense, señores, señoritas, seres esposados a sus buenas intenciones y disfruten del paisaje tendido como la escenografía de un cuento de dickens como un desguace sentimental, una penitencia y arrojen en cuanto lo vean preciso todas las piedras que con cuidado se han colocado en hilera
y a su total disposición.
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