"Y hoy, además, se celebran elecciones autonómicas… Y un virus aterrorizando la cotidianeidad como en el 2020. 

2026-05-17

No sé

Hoy al levantarme he comprobado un día más que el mundo está revuelto. Bueno, creo que ese no es el adjetivo más apropiado, quizás sea conveniente utilizar convulso, caótico, turbulento, volátil y muy fragmentado.

 

Y hoy, además, se celebran elecciones autonómicas… Y un virus aterrorizando la cotidianeidad como en el 2020. Y demasiadas guerras que ya se nos han enquistado en nuestra psique de tal manera que enseguida son olvidadas y sustituidas por otras invasiones. Y así podría seguir…

 

¡Y a este mundo siguen viniendo bebés! ¡Terrorífico! Mejor cambio de tercio.

 

En realidad, hay demasiados problemas para intentar buscar la belleza más allá del trino de un pájaro, del zumbido de una mosca, o de la visión de los colores brillantes de una flor bajo la luz del sol.

 

Alimentación contaminada por pesticidas, micro plásticos en el agua, ¿en serio? ¿Tan contaminados están los campos de cultivos españoles y los acuíferos? Ah, no. Todo es producto de la globalización. No solo las compras de banalidades, las plagas y las nuevas modas están desbancando el seguro sistema del kilómetro cero con las idas y venidas de productos y alimentos de otros países…, no qué va. Ahora dicen, que el mar Mediterráneo es el más contaminado. ¡Tela marinera!

 

El panorama da escalofríos. Dan ganas de no sé…, ver… “En busca del Arca Perdida”, por ejemplo, y percibir como “Indy” evitó males mayores enviando la dichosa arca a un almacén, porque si ya cerrada está liado todo este despiporre, no quiero imaginar lo que podría estar girando con ella abierta; quizás sería como la habitación de Poltergeits en plena manifestación, o peor.

 

Con todo esto me refiero a que los estados anímicos son fáciles de contagiar, como el “pesebrismo” o el “borreguismo” o el odio.

 

A mí me encanta Garfield. Lo descubrí en El País Semanal, hace muchos años, en una viñeta. La verdad es que me sorprendía como un gato que no trabajaba podía odiar los lunes. Con el tiempo entendí que Jon le transmitía el mal humor.

 

Y aun así, aprendimos a vivir, me refiero a los de mi generación con las incongruencias de los dibujos animados. Los mismos disparates que nos hacían reír como cuando Los Picapiedra celebraban la Navidad. ¿Cómo podían celebrar la Navidad si Cristo no había nacido? Pero los niños éramos felices. ¡Qué más da! O cuando Superman se ponía unas gafas y nadie notaba que era Clark Kent, y nadie se lo dijo a nadie. ¿Y qué más da si celebraban la Navidad o no, o si era evidente que era Superman? Lo importante es ser felices y nosotros lo éramos.

 

Todo ha cambiado desde que yo tengo conciencia. Ni la mortadela tiene el mismo sabor ni la misma textura. Nada se parece a nada de lo conocido.

 

Ahora solo está el algoritmo estudiando nuestro comportamiento para lanzarnos bombas mediáticas y trampas para cazarnos como depredadores consumistas que somos. Pero a veces en la estadística de la probabilidad hay fallos. Uno de los más increíbles que recuerdo fue el de un señor del que no recuerdo su nombre, pero el hecho sí. Resulta que cuando cayó la primera bomba en Hiroshima, este hombre pasó la noche en un refugio y sobrevivió, y mientras le contaba el suceso a su jefe cayó la segunda bomba. Pues no se lo van a creer, si mal no recuerdo el hombre vivió hasta los 93 años. Y así fue…

 

A veces creo que hablar de zombies en un almuerzo con la televisión apagada planificando qué hacer en un presente “zombificado” pueda ser más alentador y aportador que la misma realidad, porque lo de verdad importante es ser feliz.


 

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