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"Venezuela sangra hoy. Que el mundo no la deje sola mañana.
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2026-06-28
Venezuela sangra

Destrucción y sufrimiento. Venezuela sangra. La tierra tembló dos veces, con apenas segundos de diferencia, y dejó tras de sí un país de escombros, desaparecidos y familias rotas. Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el estado de Yaracuy —los más violentos en más de un siglo— no solo derrumbaron edificios en Caracas y arrasaron La Guaira: derrumbaron también la frágil esperanza de un pueblo que ya cargaba con años de crisis política y económica.
Las cifras, aún provisionales, son devastadoras: miles de muertos y de heridos, de personas atrapadas bajo los escombros y más de cincuenta mil desaparecidos. Detrás de cada cifra hay un nombre, una familia, una vida interrumpida. No podemos, ni debemos, reducir esta tragedia a estadísticas frías. El dolor de Venezuela es el dolor de toda Latinoamérica, y debe doler también al mundo entero.
En medio de la devastación, sin embargo, ha brotado algo luminoso: la solidaridad. Vecinos compartiendo agua y pan en las calles de Caracas, equipos de rescate llegando desde la comunidad internacional. Esa respuesta internacional no es un gesto opcional ni un favor diplomático: es una obligación moral. Ningún país puede reconstruirse solo después de una catástrofe de esta magnitud, mucho menos uno ya golpeado por los embargos de Estados Unidos, la hiperinflación y la inestabilidad institucional.
La urgencia inmediata es rescatar a quienes aún respiran bajo los escombros. Pero la urgencia que viene después —reconstruir hospitales, viviendas, escuelas, infraestructura vital— exigirá una cooperación sostenida, no solo ayuda de emergencia pasajera. La comunidad internacional debe entender que la reconstrucción de Venezuela no es un asunto venezolano: es un compromiso compartido de humanidad.
Venezuela sangra hoy. Que el mundo no la deje sola mañana.


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