"Ahora es el tiempo de los testimonios, no de las apologías”.

2026-03-02

 

Legado de Rovirosa y Malagón

REDACCIÓN /LIBREOPINANTE

LA HOAC CELEBRA EL 62.º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE GUILLERMO ROVIROSA Y EL 42.º DE TOMÁS MALAGÓN: MEMORIA AGRADECIDA Y LLAMADA A LA SANTIDAD EN EL MUNDO OBRERO

En el marco del tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión y renovación interior, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ha celebrado la Eucaristía conmemorativa del 62.º aniversario de la muerte de Guillermo Rovirosa y del 42.º aniversario de Tomás Malagón, dos figuras decisivas para la evangelización del mundo obrero en España, en la parroquia de San Juan Bosco del barrio del Polígono del Valler.

La celebración, presidida por el consiliario, Pepe González, se vivió como una memoria agradecida y, al mismo tiempo, como una llamada actual a la coherencia evangélica. En este tiempo fuerte que invita al cambio personal y comunitario, la comunidad creyente volvió a escuchar la interpelación del profeta Ezequiel: convertirse, practicar la justicia y vivir. Y también la exigente palabra de Jesús: una justicia que supere la apariencia religiosa y se traduzca en reconciliación, fraternidad y compromiso real con quienes sufren.

La homilía subrayó que no basta con multiplicar ofrendas o celebraciones si no se practica la justicia. El Evangelio invita a “dejar la ofrenda ante el altar” para reconciliarse primero con el hermano. En esta línea, se recordó la llamada del papa Francisco en Fratelli tutti a “hacernos prójimos” de toda persona herida, sin distinciones ni fronteras.

Una santidad encarnada en el mundo del trabajo

La figura de Guillermo Rovirosa fue presentada como referente luminoso de santidad laical. Tras una juventud marcada por el rechazo a la fe, su búsqueda sincera de la verdad le llevó a una profunda conversión a Cristo en la Iglesia. Desde entonces, vivió con radicalidad tres convicciones: fe apasionada en Jesucristo, fidelidad eclesial y amor confiado al mundo obrero.

Rovirosa entendió que la evangelización debía hacerse desde abajo, compartiendo vida, mentalidad y luchas de las personas trabajadoras. Soñó no con “un mundo mejor”, sino con un mundo nuevo según el Evangelio. Su pensamiento, hoy en plena actualidad, resuena con fuerza: “Ahora es el tiempo de los testimonios, no de las apologías”.

En la celebración se recordó también que está en curso su proceso de beatificación, signo de que su testimonio sigue fecundando la vida de la Iglesia.

Por su parte, Tomás Malagón, consiliario general de la HOAC desde 1953, fue destacado como pastor y formador que ayudó a consolidar espiritualmente el movimiento, ofreciendo profundidad teológica y acompañamiento fiel a generaciones de militantes.

Una Eucaristía que mira la realidad

La monición de entrada situó la celebración en el contexto actual del mundo obrero: precariedad laboral, desempleo, empobrecimiento, accidentes de trabajo, dificultad de acceso a la vivienda, migraciones forzadas, soledad y fragilidad social. Realidades que siguen reclamando una fe encarnada y transformadora.

En la oración de los fieles, la asamblea pidió por la Iglesia, para que sea casa y esperanza de las personas empobrecidas; por la HOAC, para que viva en conversión permanente; por el mundo del trabajo, para que sea espacio de dignidad y no de explotación; por las víctimas de accidentes laborales y por quienes luchan por la justicia; y por la paz en el mundo.

La celebración concluyó renovando la llamada a vivir el bautismo con coherencia, haciendo presente el Reino de Dios en fábricas, talleres, campos, oficinas, escuelas y hogares.


 

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