"Lo pagaríamos muy caro a nivel internacional.

2026-07-12

Cita en Barcelona, 90… 

Aquel sábado, 18 de julio, como en los días previos, las Ramblas vibraban. En Santa Mónica se ultimaban los preparativos y se organizaba la bienvenida a las delegaciones deportivas y culturales internacionales. Miles de atletas y acompañantes se daban cita en Barcelona, entrenaban en el Estadio o estaban en camino para llegar a la cita inaugural del 19 de julio.

Todo se truncó con el golpe mylytar de los afrycanystas en el protectorado español en Marruecos y la sublevación en Melilla, Ceuta y Tetuán, iniciado el 17 de julio de 1936. Hitler pudo inaugurar los Juegos de la vergüenza en Berlín, a principios de agosto, quince días más tarde. Bajo la bendición del COI y el barón de Coubertin, a pesar de las leyes racistas de Núremberg promulgadas en 1935: una afrenta para la Humanidad. El único gobierno que no envió representación a Berlín fue el Gobierno de la II República española. Lo pagaríamos muy caro a nivel internacional. Golpe militar y una guerra cruenta, la de 1936/1939, campo de pruebas de los bombardeos sobre población civil, por parte de la aviación de Hitler y de Mussolini y de su maquinaria bélica, preludio de la II Guerra Mundial.

Pero regresemos a aquel sábado, caluroso, del 18 de julio. Barcelona era el epicentro de una formidable respuesta internacional que promovía el deporte popular, la participación de las mujeres, el protagonismo de las entidades deportivas y culturales sin exclusiones. Un encuentro inequívocamente contra la guerra, el belicismo y el racismo que amenazaba Europa. Aquí empezó todo.

Más de 5.000 atletas representando a 23 delegaciones llegadas desde todo el mundo. Pau Casals, preparando el concierto inaugural. La Ciudad de Barcelona llevando a más de 600 personas desde Palma, y trenes camino de Barcelona, como hemos recordado esta primavera en el Estadi Lluís Companys de Montjüic. Allí se cantó el himno de la Olimpiada. Algunos atletas salvaron la vida, otras como Mercedes Núñez, Marina Ginestà, o Margot Moles, conocieron el camino del exilio, la deportación en campos nazis o el intento, durante la dictadura de ser borradas de la historia. Son nuestras Imborrables. Otros fueron asesinados por los franquistas el mismo año 1936, como el gran gimnasta de Badajoz Armengol Sampérez y Ladrón de Guevara.

Ahora, 90 años más tarde, queremos rescatarlos del olvido. Por ello, hemos creado la Comisión coordinadora del 90 Aniversario. Por esta razón, también —y nos sobran motivos—, hemos propuesto que la ciudad de Barcelona dedique una calle a la Olimpiada Popular de 1936.  Se inaugurará el 18 de julio. También queremos que el Museo Olímpico se denomine a partir de ahora: Museu de les Olimpiades de Barcelona, 1936 i 1992. Estableciendo un relato histórico coherente con el compromiso y la cultura antifascista. Sirva de precedente la referencia que hizo el alcalde Pasqual Maragall en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992. Una cita con la memoria que, hoy, nos convoca e interpela.


 

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