"el pan se considera el alimento del alma 

2026-03-27

De ibéricos y hormonas

Le tengo una manía al cortisol que no te haces una idea.  Los que le conocen bien le echan la culpa del sobrepeso, la hipertensión, la diabetes o la falta de sueño. Los que le conocen mejor que bien, dicen que es la consecuencia, y no la causa. Pero ni una ni otra teoría hacen que me caiga mejor. No es de fiar. No puede serlo una hormona que tiene nombre de resort puertobanusero, vamos no me jodas que tú no lo has pensado, rollo así como “Cortisol, ciudad de vacaciones”, una especie de primo hermano de alta gama de Marina D’or.

 

Me pasa con otras palabras, como un primado positivo lingüístico o algo así, que según las escucho, independientemente del significado que tengan a mí me sugieren otro que ya existe en mi disco duro. Sucede cada vez que leo en una bolsa de patatas al jamón la palabra “presunto”: me da igual que esté escrito en portugués, el jamón nunca es presunto, puede ser inocente o culpable, pero presunto nunca. Y me cabreo con el portugués, aunque luego se me pase escuchando a Gal Costa, Zeca Baleiro o Carminho, porque también tiene esa lengua algo que no encontraría jamás en el ruso o el polaco. El acento portugués me toca el alma, el ruso me toca los ovarios, porque además de resultarme imposible replicar su pronunciación, suena a enfado permanente.

 

Volviendo al cortisol. Hay una frase que miles de veces he escuchado a mi madre y que resume todos los estudios científicos que relacionan dicha hormona con los procesos metabólicos, sin tanto aspaviento: a mí los nervios me engordan. Hablaba de esto con una compañera hace unos días y su teoría reforzaba la de mi madre.

 

  • Ya te digo yo que es así, porque a mí me sienta mejor un bocadillo de chorizo que un lexatin, vamos, que no me he tomado una pastilla de esas en la vida, pero el chorizo, buah, el chorizo es felicidad y en bocadillo, me deja como nueva.

 

No seré yo quien le quite a Toñi sus razones, siendo como es tan amiga de anotar en su lista negra a quienes le hacen un feo. Además, que cada uno gestiona sus subidas y bajadas de cortisol como le sale del moño, faltaría más.

 

De toda la vida de dios se ha relacionado la pachorra con la gordura y ahora resulta que es al contario, que cuanto más nos aceleramos, más propensos somos a acumular grasa.

 

Si fuera el embutido el remedio para mantener a raya el cortisol, yo tiraría más de lomo ibérico, o de un buen jamón, lo mismo me da que sea presunto inocente o presunto culpable.

 

Pero mientras ciencia, conciencia y experiencia se alinean en términos hormonales, quizá lo más conveniente sea apelar al menos común de los sentidos y escuchar lo que el cuerpo nos dice, que igual es más efectivo y saludable zamparse un bocata y quemarlo dando un paseo que echar mano de pastillas. En términos espirituales, el pan se considera el alimento del alma y a través de él buscamos el amor más ancestral y genuino. Visto así, mi conclusión es que necesitamos más pan, más amor, y menos paranoia con el cortisol, por favor, que a las hormonas las carga el diablo.


 

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