"Miraba las noticias de estos días, y comprobaba que vienen cargadas de ratas: tanto de las rabilaras de cuatro patas, como de las rabicortas de dos patas sobre las que cantaba Paquita la del Barrio.

2026-05-17

En cuarentena

Comentan los expertos en psicología, que es una reacción completamente humana sentir miedo, incluso pánico, ante las noticias del reciente brote de hantavirus, precisamente por retrotraernos de un trallazo seco y certero hasta los más asfixiantes y febriles recuerdos experimentados durante la pandemia del coronavirus. Es incluso lógico prever que esto nos pueda ocurrir. Y hasta aquí lo que se refiere a las reglas de la normalidad, puesto que —como de inmediato hemos podido comprobar— siempre hay alguien, generalmente con delirios de grandeza, preparado para tomar posesión del cetro de la estupidez con el que se rige este tiempo del absurdo y del disparate.

 

Miraba las noticias de estos días, y comprobaba que vienen cargadas de ratas: tanto de las rabilaras de cuatro patas, como de las rabicortas de dos patas sobre las que cantaba Paquita la del Barrio. Entonces fue cuando se me pasó por la cabeza una idea que, aunque en un principio pudiera parecer descabellada, acabaría de una manera quirúrgica y hasta limpia con el virus de la estupidez. La cosa sería, ya que estamos en estas lides, aplicar una cuarentena obligatoria a todas las opiniones, tanto las provenientes de políticos como las de periodistas y de opinadores varios, que se viertan sobre el tema del hantavirus sin que hayan pasado antes un cribado por parte de un comité de epidemiólogos de carne y hueso; nada de comprobaciones en Google ni en la IA. Lo decía precisamente un experto en pandemias —de los de verdad, no como el profesor Bacterio ese que lleva Iker Jiménez a su programa—, que todos somos en parte responsables del alarmismo que esta crisis sanitaria ha provocado en nuestro país, aunque los políticos y los medios de comunicación son quienes se llevan la palma, unos por la búsqueda oportunista de la rentabilidad convertida en votos y otros por el pánico innecesario que la sobreinformación en estos casos suele ocasionar en la sociedad.

 

Sería una buenísima noticia para nuestra salud y nuestra higiene mental el poder prescindir, anular, desechar, e incluso denunciar para su erradicación, toda esta basura y podredumbre, y a quienes pretenden efectuar su perjudicial vertido incontrolado en el centro mismo de nuestras cabezas, vía redes o televisión. Por desgracia, esto no va a ocurrir, por lo que cada uno tendrá que decidir en conciencia qué noticia es cierta o qué opinión no se basa en una falacia; qué rata de dos patas, qué bicho rastrero, qué maldita sanguijuela, qué maldita cucaracha, qué alimaña, qué culebra ponzoñosa, qué desecho de la vida no pretende vendernos también esta moto vírica.    

 

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