"Desinformación diseminada en racimos de mentiras a lo largo y ancho de las redes sociales.

2026-03-08

Nos dolerá la boca

Nos dolerá la boca de tanto decirlo, las manos de tanto escribirlo, pero, sobre todo, la cabeza de darle tantas vueltas siempre a lo mismo: ¿en qué momento, como decía la canción de Serrat, «la tierra cayó en manos de unos locos con carnet»? Porque es una verdad irrefutable que a ese tipo de la gorra blanca de USA se le ha votado democráticamente —de ahí lo del carnet—, y, además, por segunda vez, a pesar de su desquiciado currículo de despropósitos acumulados en su primer mandato (entre ellos, alentar el asalto del Congreso de su país). Y no, tipos como Trump no pertenecen a esa clase de hombres que se despiertan por la noche empapados en sudor preguntándose por qué han cometido semejante locura, sino más bien —como apunta Emmanuel Carrère de Putin en Koljós, su último libro— hombres que esperan tranquilamente, con una sonrisa ladina, porque saben que el tiempo juega a su favor. Ya lo ha dicho Donald, el presi, que no el pato, a propósito de esa espera: «No me voy a aburrir de esto».

Nos dolerá la boca de tanto anunciar el fin de la democracia, del orden mundial, de la multilateralidad y de la misma civilización occidental a la que no hacemos, unos por acción y otros por omisión, más que añadirle —nunca mejor dicho— gasolina al fuego, para terminar de acelerar la destrucción. Puede incluso que, debido a nuestra insistencia, hasta nos partan la boca, y que luego todos miren para otro lado al más puro estilo de la Unión Europea. Pero, decidme, ¿qué otra cosa podemos hacer sino seguir denunciando la atrocidad y la barbarie en busca de conciencias que se unan a la causa e inclinen la balanza de nuestra parte, es decir, de la parte de la humanidad? 

Decía Miriam Garlo, la actriz de «Sorda», al recoger su Goya, que «sin comunicación somos un fracaso cultural como sociedad». Y yo le añado la información que esta conlleva, viendo las molestias que se gastan estos locos con carnet y quienes los apoyan por desinformar, por «mierdearlo» todo. Porque, si hay un arma de destrucción masiva que le dé cien mil vueltas a un submarino nuclear francés, aunque ataque a ritmo de marsellesa o a cualquier bomba atómica en manos de un Figaredo de la vida, esa es la desinformación diseminada en racimos de mentiras a lo largo y ancho de las redes sociales. 

Cuenta Josele Santiago, líder de Los Enemigos, en sus memorias (Desde el jergón) que, después del confinamiento, aunque no nos extinguimos como especie, algo se le murió por dentro, cuyo cadáver era una víscera extra que pesaba una barbaridad y que le impedía cantar, «la única forma realmente efectiva» que conoce «de expulsar demonios». Pero habrá que aprender a llorar a la vez que se canta, que se cuenta, porque «quizá sea un buen día, en alguna realidad. Un día más».


 

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