"El mayor daño de la abstención es que los gobiernos pierden legitimidad.

2026-10-18

El deber de ser representado

En las elecciones generales de 2023, el porcentaje de abstención al voto fue de un 30 %, eso equivale a aproximadamente 10.400.000 españoles que decidieron no ir a votar. El problema de esta cifra es muy claro, al final una minoría es la que termina tomando decisiones que nos afectan a todos. Si aceptamos que pagar impuestos es obligatorio para mantener los servicios públicos, ¿por qué no hacemos lo mismo con el voto? Al final estamos eligiendo a quienes van a gestionar ese dinero. Algo tan importante como votar debería dejar de ser opcional para convertirse en un deber ciudadano, para que de esta manera los gobiernos representen a la mayoría de la población y no a unos pocos.

El mayor daño de la abstención es que los gobiernos pierden legitimidad. Si únicamente vota el 70 % de la población y el partido ganador obtiene el 30 % de esos votos, en la práctica está gobernando con el apoyo de una parte muy pequeña del país. Esto provoca que una gran cantidad de ciudadanos sientan que ese gobierno no les representa. Hacer que el voto sea obligatorio solucionaría esto de raíz, ya que, si todos pasamos por las urnas, el partido que llegue al poder tendrá un respaldo real y el gobierno representará lo que de verdad quiere la mayoría de la sociedad.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la abstención varía según distintos factores. Hay varios estudios (como el de Fowler) que muestran que las personas con menos recursos o en situación de exclusión son las que más se abstienen el día de las elecciones. Esto se debe a distintos factores como la dificultad de transportarse, la falta de acceso a la educación o la falta de capital. El resultado de estas abstenciones es que los políticos tienden a olvidarse de ellos y centran sus propuestas en las clases sociales que sí acuden a votar. Hacer obligatorio el voto obligaría a los partidos a escuchar y gobernar para todos por igual, y evitaría que los sectores discriminados o las clases sociales bajas queden aún más marginados.

Con el voto obligatorio, también se acabaría o por lo menos disminuiría en gran medida uno de los mayores problemas actuales en España: la polarización. En países donde el voto no es obligatorio como en España o en Estados Unidos, la polarización y los extremismos de los ciudadanos aumentan, ya que los partidos tratan de movilizar a únicamente a los de su ideología y a los que saben que les van a votar, esto muchas veces mediante bulos o campañas de odio, lo que aumenta la polarización y los enfrentamientos entre ciudadanos. Una vez los partidos vieran que tiene que votar todo el mundo, estas campañas donde se trata de dividir a la población se terminarían, ya que los partidos no utilizarían extremismos para conseguir votos, sino que tratarían de convencer a la mayoría de los ciudadanos incluidos los votantes de centro.

La principal crítica en la que se basan las personas en contra de esta medida es que afecta a la libertad de las personas, esto debido a que afirman que el voto es un derecho y no una obligación, es decir, si un ciudadano no está de acuerdo con el programa de ningún candidato, debería estar en su derecho a abstenerse. Pero realmente, el voto obligatorio no te obliga a votar por un candidato, solo te obliga a participar en la democracia. Los derechos de los ciudadanos apolíticos o que no están de acuerdo con ningún partido seguirían en pie, ya que continuarían pudiendo apoyarse en el voto en blanco. El voto en blanco se diferencia con la abstención en que con la abstención no se conocen las causas de porque la persona no ha acudido a votar, mientras que con el voto en blanco el votante deja ver que no está de acuerdo con ningún partido y de esta manera sirve como una crítica hacia los candidatos, añadiendo también que es un incentivo para los partidos que normalmente tiende a evitar extremismos.

El voto obligatorio es necesario para la democracia, ya que ayuda a los gobiernos a obtener legitimidad y a los ciudadanos a ser representados realmente. Todo el mundo tendría la misma participación en política, los mismos beneficios y las mismas oportunidades de ser representados. La polarización dejaría de crecer y los partidos dejarían de dividir a la sociedad. Además, respetando en todo momento el derecho a mostrar tu descontento con todos los candidatos y conservando el derecho a no votar por ninguno.


 

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