"¿Debemos respetar a quienes no respetan?

2026-07-26

Fantasmas del franquismo

Desde hace aproximadamente quince años, los nostálgicos del franquismo volvieron a resurgir o, simplemente, demostraron que nunca se habían ido. Sectores de las élites financieras, grandes empresarios y viejos poderes conservadores perdieron progresivamente el reparo en reivindicar dogmas que creíamos superados. Tanto es así que en 2013 nació Vox, alimentado por cuadros procedentes del Partido Popular que consideraban a su matriz demasiado moderada y por sectores ultraderechistas que buscaban un altavoz de masas.

​En sus orígenes, este proyecto sirvió a intereses opacos y a financiaciones externas como la del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), demostrando desde el primer día que sus prioridades distaban mucho de la soberanía nacional que predicaban. ¿Cómo pasaron de ser un grupo residual a enarbolar la bandera de la «prioridad nacional»? La fórmula del éxito moderno fue clara: dinero, cobertura mediática y la instrumentalización del odio hacia el diferente.

​Junto a ellos conviven siglas de la ultraderecha histórica como Falange de las JONS, el heredero ideológico del régimen, cuya pervivencia legal contrasta con la desarticulación que sufrieron los símbolos del totalitarismo en otros países europeos. Sin embargo, el fenómeno actual adopta nuevas formas a través de un ecosistema de seudopartidos: formaciones que utilizan la vía electoral o la estética de la representación política, pero que en la práctica no operan como verdaderos instrumentos al servicio del pueblo. Agrupaciones como Democracia Nacional, Aliança Catalana, Alternativa Española, Alianza Nacional o Se Acabó la Fiesta actúan como meros arietes de la crispación, ajenos a la defensa del bienestar general.

​El problema se agrava cuando el término seudopartido aplica a colectivos e iniciativas aún más radicales, como el reciente fenómeno de Noviembre Nacional. Detrás de sus puestas en escena se esconden discursos que retrotraen a las épocas más oscuras: la minoración explícita de personas migrantes, el machismo estructural o el rechazo sistemático a la diversidad del colectivo LGBTIQ+. Que este tipo de plataformas proliferen en el marco de un Estado social y democrático de derecho plantea una contradicción profunda sobre los límites del sistema.

​¿Debemos respetar a quienes no respetan? ¿Debemos aceptar a quienes no aceptan? ¿Debemos tolerar en el juego político a quienes buscan desmantelar los derechos de la mayoría? La respuesta debe ser un rotundo no. Como formuló Karl Popper en su famosa “Paradoja de la Tolerancia”, una sociedad que tolera la intolerancia sin límites está destinada a ser destruida por los intolerantes.

​La libertad de expresión debe asentarse siempre en el respeto, la verdad y la crítica constructiva, nunca en el odio ni en la glorificación del fascismo. Partidos y seudopartidos que basan su existencia en enfrentar a la ciudadanía solo traerán censura, crispación y retroceso social a un país que necesita avanzar sin ceder ni un solo milímetro en sus conquistas democráticas.


 

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