"En contextos de demencia, este recurso cobra un valor aún más profundo. 

2026-04-19

Recordar para ser

En abril celebramos el Día del Niño. Una fecha que, más allá de los juegos y los colores, nos invita a mirar hacia atrás, a ese lugar donde comenzaron muchas de nuestras historias. Y en ese gesto, también hay una oportunidad: volver a la infancia no para quedarnos ahí, sino para entender mejor quiénes somos hoy.

Con el paso del tiempo, solemos pensar que mirar al pasado es sinónimo de nostalgia o incluso de estancamiento. Sin embargo, en la vida de las personas mayores, recordar puede ser una herramienta profundamente valiosa. No se trata de vivir en el ayer, sino de reconocerlo como parte de un camino que sigue en construcción.

Las reminiscencias —recordar momentos, compartir historias, evocar olores, canciones o lugares— son una forma de conectar con la propia identidad. Funcionan, en muchos sentidos, como una caja fuerte: ahí se resguardan los recuerdos más significativos, aquellos que han marcado quiénes somos y que sostienen nuestra esencia a lo largo del tiempo.

En contextos de demencia, este recurso cobra un valor aún más profundo. Aunque la memoria reciente se vea afectada, esos recuerdos esenciales suelen permanecer. Si sabemos cómo acompañar, cómo preguntar y cómo guiar, las personas pueden acceder a ellos incluso en etapas avanzadas. Y es ahí donde ocurre algo poderoso: podemos volver a encontrarnos. No desde la corrección, sino desde la conexión; no desde lo que se pierde, sino desde lo que permanece.

Pero las reminiscencias no son solo para quienes viven con deterioro cognitivo. Son necesarias para todos. En una vida que avanza rápido, detenernos a recordar nos permite integrar experiencias, darles sentido y reconocer nuestra historia como parte de lo que seguimos construyendo.

Entre generaciones, este ejercicio puede tomar forma en lo cotidiano: revisar álbumes de fotos, ordenar imágenes antiguas, escribir historias familiares o recuperar recetas y canciones. Actividades sencillas, análogas, que invitan a tocar, mirar y compartir sin prisa. La tecnología también puede ser aliada, siempre que funcione como puente y no como barrera: un medio para acercarnos, no para sustituir el encuentro.

Quizá por eso, celebrar el Día del Niño también puede ser una invitación a recordar juntos. A abrir esa caja de historias, a escuchar con atención y a permitir que la memoria circule entre generaciones.

Porque recordar no es retroceder. Es reconocer de dónde venimos para seguir siendo. Y en ese proceso, la historia de cada persona se convierte en guía, en ancla y también en impulso.

Entre generaciones, recordar es otra forma de cuidar.


 

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