"La espiritualidad cobra especial importancia en los momentos de transición.

2026-06-28

 

La vida avanza en ciclos, aunque las personas insistimos en dibujarla en línea recta.

La naturaleza lo sabe bien. Después de una estación llega otra; el día y la noche intercambian de lugar cada pocas horas y nada permanece igual por mucho tiempo. Las personas también atravesamos ciclos, sin embargo, cuando los cambios llegan a nuestra propia vida, nos resistimos, olvidamos que cambiar es parte de vivir. Que en nuestros ciclos de vida, hay temporadas para construir, para aprender, para cuidar, para despedirse y para comenzar…

Y es que llegar a una nueva etapa, aunque muchas veces asuste, no siempre implica empezar de cero; en realidad, se parece más a los ciclos de cosecha. Todo agricultor, en su sabiduría, rota los cultivos y permite periodos de descanso y recuperación, de lo contrario, la tierra pierde su capacidad de nutrir y la vida deja de desarrollarse en ella.

Quizá por eso en las culturas agrícolas y en muchos pueblos originarios hace siglos que comprenden que los periodos de pausa no son tiempo perdido. Son parte del proceso de crecimiento.

La espiritualidad cobra especial importancia en los momentos de transición. No hablo necesariamente de una práctica religiosa, sino de la capacidad profundamente humana, de encontrar sentido en lo que vivimos. La espiritualidad nos invita a preguntarnos que aprendizajes queremos conservar, que experiencias atesorar y que cargas ya no necesitamos seguir llevando, porque solo cuando soltamos algo, podemos abrir espacio para aquello que está por venir.

Esta temporada del año es perfecta para recordárnoslo. Con el cierre de los ciclos escolares, los cambios de clima y rutina que acompañan estas fechas, muchas familias se encuentra reorganizando tiempos, haciendo planes y evaluando los últimos meses. Oportunidades todas para detenernos un momento y observar, para dedicar un tiempo al autocuidado.

Cuidar no solo del cuerpo, sino también de aquello que da sentido a nuestra existencia: nuestros vínculos, proyectos y creencias, los valores sobre los que construimos quienes somos. El autocuidado consiste en ocasiones en pausar para revisar esos cimientos, fortalecerlos y reparar aquellos que con el tiempo, las pérdidas y dificultades se han desgastado.

Porque igual que en la naturaleza, la transformación es parte escencial y después de que un río desborda o un bosque se quema, la vida siempre vuelve a abrirse paso, tal vez diferente pero siempre vuelve a crecer. Y es nuestra espiritualidad la que nos permite reconocer esos nuevos inicios, nos da la fuerza de sanar las heridas, perdonar, sonreír y seguir.

Entre generaciones nos toca abrazar la temporada que estamos viviendo, aprender de ella y confiar en que la siguiente llegará cuando sea su momento. Mostrar a los más jóvenes que el miedo y la tristeza también pasan, porque en este momento mientras que en una parte del mundo comienza el verano, en otra inicia el invierno.

Quizá por eso encontramos tanta sabiduría en los ciclos: Ninguna estación permanece siempre.


 

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