"La Constelación del Perro, una ficción cerca de la reciente realidad.

2026-10-18

La Constelación del Perro

Existe un grupo de estrellas, que vistas desde la Tierra, parecen formar la figura de un perro. Se trata de la constelación Can Mayor, donde se encuentra Sirio, la estrella más brillante que podemos observar, especialmente, durante las noches de invierno en España. Es un astro que se relaciona con la lealtad, la protección y la sabiduría. En ese contexto de simbolismo se desarrolla el mundo apocalíptico de La Constelación del Perro, la última película de Ridley Scott, una adaptación de la aclamada novela homónima sobre un mundo distópico, escrita por el autor estadounidense Peter Heller. A estas alturas de la película, nunca mejor dicho, nada tiene que demostrar el octogenario director de cine que nos ha dejado obras maestras como Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Thelma y Louise o Gladiator. Y eso se nota en su último trabajo, donde Scott se enfrenta a una historia que, aunque compleja y dinámica, lo hace a través de un tratamiento cinematográfico mucho más sereno y contemplativo. Aunque parece un largometraje puro de ciencia ficción, contiene una buena carga de crítica social, que conecta directamente con los movimientos migratorios y la codicia del sistema financiero durante la crisis económica del 2008. Un mundo en extinción es la excusa para mostrar una historia que nos habla del duelo por las pérdidas que, inexorablemente, hemos de soportar. De lo terrible y majestuoso que puede ser el silencio, de la inmensidad del paisaje que nos rodea, de la convivencia después de perderlo todo, de cómo seguir adelante, cuando ya no queda nada. La belleza de la fotografía transfiere el entorno poético que se convierte en el lenguaje visual de La Constelación del Perro.  Todo lo maravilloso que vemos de la naturaleza es real, sin ningún aditivo digital. No hacen falta las escenas de acción, que nos pueden parecer escasas en un mundo apocalíptico, en el que pervive la violencia y la barbarie. Al contrario, destacan los diálogos tranquilos, frente a una hoguera. No encontramos zombis, ni monstruos extraños, sino que es el propio hombre el que se enfrenta a sus propios demonios. Un formidable elenco da consistencia, aún más a la historia, con un gran Jacob Elordi, que terminó quedándose con un papel, que en principio estaba reservado para Paul Mescal, cuyo rodaje de la tetralogía de Los Beatles le complicó la agenda. Josh Brolin, como el intrépido superviviente Bangley, demuestra que sigue en plena forma. Y mención especial al perro Jasper, el inseparable amigo de Hig. Harry Gregson-Williams, habitual colaborador de Scott, pone la banda sonora, con una música pausada y reflexiva que se desplaza hacia tonos amenazantes en los momentos de violencia.


 

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