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"La vida como materia de la poesía |
2026-07-26

Ángel Guinda

La vida como materia de la poesía
El zaragozano Ángel Manuel Guinda Casales (1948-2022) siempre defendió una poesía útil que, además de objeto de belleza, sea sujeto de conducta. Así pues, sus dos premisas siempre fueron: naturalidad en el lenguaje y pedagogía en el mensaje. Y no necesitó nada más para ponerse a la vanguardia de la poesía española, pese al silencio que algunos trataron de imponer sobre su obra.
Fue principalmente poeta, pero también cultivó otros géneros. En 1977 fundó la Colección Puyal de libros de poesía y en 1988 la revista Malvís. Publicó más de una veintena de libros y fue coautor de la letra del Himno de Aragón. En 2010 fue galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas.
Residía en Madrid desde 1987. En 2023, la editorial Olifante, Ediciones de poesía, convocó en su honor el I Premio Internacional de Poesía Joven Ángel Guinda.
Autor del manifiesto Poesía útil, de ensayos como El mundo del poeta, el poeta en el mundo, su poesía (parte de ella traducida a las lenguas de la Unión Europea, árabe, persa y bengalí) aparece tratada en estudios como Letras arrebatadas: poesía y química en la transición española (Germán Labrador, 2009), y seleccionada en diferentes antologías. Ha traducido a escritores importantes.
Desde 1966 Ángel Guinda escribió poemas en las paredes de su ciudad, Zaragoza. Y durante 56 años ha seguido disfrutando de esas acciones rebeldes y vitales. Comenzó firmando con el dibujo de una guinda, para continuar como Santángel -uno de sus heterónimos-, como Ángel Guinda e incluso dejando anónimo el texto. O sea, que estamos ante un poeta que, durante toda su vida, expresó al aire libre su poesía. La calle fue para él plataforma de amor al mundo, a la sociedad, a la ausencia, a la palabra, al silencio, siendo siempre testigo y testimonio de una época.
En palabras del poeta: Leer poesía es un momento de alarma, un poema es un sobresalto. Si me quitan la palabra escribiré con el silencio, si me quitan la luz escribiré en tinieblas, si pierdo la memoria me inventaré otro olvido, si detienen el sol, las nubes, los planetas, me pondré a girar.
El estudioso y crítico de sus textos Manuel López Azorín nos dice: La poesía de Guinda, en fin, es existencial, metafísica, introspectiva, dolorosa, desgarrada, una poesía que convive con la muerte, visionaria, satírica, comprometida, en definitiva una poesía escrita para sí que toca los sentidos y se convierte en poesía de los demás, una poesía de eso que los filólogos llaman la otredad.
Pero, mejor, disfrutad de su poesía con estos textos que os he seleccionado:
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Me he fumado la vida
Me he fumado la vida como el tiempo se me ha fumado a mí. Mirad esta laringe, esta tráquea, estos bronquios y pulmones ametrallados por la nicotina. He fumado los gases subterráneos del Metro en sus andenes; el aire de Madrid, sucio como una traición a la luz más hermosa; las nevadas del yeso en las pizarras, la hoguera negra de los tubos de escape, las hojas secas de la marihuana, el asfalto, la niebla, la humedad, la avellana tan blanda de los clítoris, la espesa polvareda de lo siniestro cuando huía de mi sombra, y mi vida hecha polvo, y el polvo que seré bajo el árbol secreto de la muerte.
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Autobiografía Si mi vida no es esto ¿qué será la vida? (Martín Adán)
Me preguntas por mi vida a bocajarro: ¿qué puedo responder, con qué y de qué modo? Lo que sé de mi vida lo borra cuanto no sé de ella: las palabras no alcanzan, los recuerdos confunden. Mi vida es lo que he hecho, he deshecho, he dejado de hacer. Para saber de mi vida, piensa en la muerte; piensa en ti que estás viva y has de sobrevivirme. No sé si tendré tiempo para vivir lo no vivido, para matar lo que viví, para vivir la muerte antes de que me muera. Mi vida recibe instrucciones de otras vidas anteriores a mí, a las que sirvo como fiel sucesor y en mí reviven -no tengo ojos sino para lo que no veo. Mi vida es una noche que a la luz no se adapta, un astro fugitivo extraviado en la tierra; es también la palabra que aún no me encontró, el mensaje misterioso que no descifraré. Aunque mi verdadera vida tal vez se inventará.
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Crucifixión
¡Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada! En nombre de quienes sólo encuentran cruces a cada paso, espantapájaros en cruz, cruceiros en su peregrinación. Hablo en nombre de los que a duras penas avanzan rebotando entre cruces, apartando cruces, esquivando tumbas, atropellados por cruces. ¡Mujeres y hombres sin voz con los brazos en cruz! Cruces andantes por los campos baldíos. ¡Hablo en nombre de los crucificados! ¿Soy una? ¡Soy la crucifixión! ¿Cómo permanecer con los brazos cruzados viendo rodar el mundo con tanta cruz a cuestas?
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Y
Ya no me falta el aire. (Ahora respiro tu respiración.)
A tu lado tengo más sed de fuego que de agua.
A tu lado todo desaparece menos tú.
(Salgo del mundo cuando entro en ti.)
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En respuesta a una joven
Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve más oscura.
Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre: pierde altura, oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las ganas de salir de viaje.
Con el paso de los años te haces menos suspicaz a todos y a casi todo, nada te escandaliza, no esperas ningún milagro y sospechas que tú también morirás.
Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño, más manías, más decepciones y miedos.
Con el paso de los años todo se deteriora: el mundo se viene abajo.
Mas no te preocupes, esto sólo sucede con el paso de los años.
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Morir
Morir es no volver a estar –a la misma hora– en los mismos lugares, con las mismas personas. No aparecer, cada mañana, como esa gran luz nueva disuelta entre las cosas; dejar interrumpidos los trabajos, los viajes en punto muerto. Ajenos a los mares y a los astros. Morir es estar quietos, sordos, ciegos, mudos, desaparecidos, desconectados de todos y de todo, de nosotros también; no regresar a casa nunca más. No emitir ya señales, recibirlas tampoco. Morir es no volver.
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No
Soy un claro interior, el porvenir de una puerta que siempre está atrancada, la trampa de vivir y ver morir.
Contra la destrucción de la conciencia bramo, reviento, clavo en Dios los codos. Soy un zarpazo roto de paciencia.
Una luz que, arañando los escombros, borra la niebla y sigue hacia adelante. Un hombre con la sombra hasta los hombros.
Como hambre y bebo sed con todos los condenados a escarbar la nada. Esto no es un poema, es un desplante.
Profundamente grito un no rotundo. Yo no quiero vivir en este mundo.
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Cajas
Lo diría una indígena y tendría razón. “Ustedes tienen la vida organizada en cajas. Nacen y les depositan en una cajita, su casa es una caja, y las habitaciones son cajas más pequeñas. Suben a la casa en una caja, bajan a la calle en una caja. Viajan en una caja. Duermen y hacen el amor sobre una caja. A través de una caja ven el mundo. Cambian de casa: lo meten todo en cajas. Los Bancos y las Cajas hacen caja. Y cuando mueren les introducen también en una caja.” Todo está hecho para que encajemos. Nos encajan la vida. Algunos no encajamos, y nos desencajamos.
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Escribir
Si me quitan la palabra escribiré con el silencio. Si me quitan la luz escribiré en tinieblas. Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido. Si detienen el sol, las nubes, los planetas, me pondré a girar. Si acallan la música cantaré sin voz. Si queman el papel, si se secan las tintas, si estallan las pantallas de los ordenadores, si derriban las tapias, escribiré en mi aliento. Si apagan el fuego que me ilumina escribiré en el humo. Y cuando el humo no exista escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos. Si me quitan la vida escribiré con la muerte.
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La diferencia
Todo armoniza por la diferencia: el desierto de hielo, el árbol en la roca, la suave furia del mar y las estrellas. Nacemos transparentes como el aire, nos volvemos opacos como el mármol. Uno puede soportar tanto dolor como placer es capaz de recibir. Piedra, hierba, fuego, agua, luz, tiniebla, tempestad de arena: todo armoniza por la diferencia. La ciudad, mientras duermes, draga el silencio que todo lo hace nuevo. Nadie tiene otra patria que su soledad, nadie llega a nadie si no es para marcharse. Tiene el amor en sus abrazos el atroz método del amordazamiento. Cuanto nos llena del otro nos vacía. Nube, raíz, el canto de los pájaros: todo armoniza por la diferencia.
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RAP / poética
Dejemos de mirarnos el ombligo. Se acabó predicar. A sembrar trigo.
No queremos ya más poetas divos. Exigimos poetas subversivos.
Poetas como alas, poetas incisivos, poetas combativos, poetas decisivos.
Pero tú que te crees que es la vida. Una trampa, una fiera mal herida.
No queremos poetas teoremas. Poemas solución a los problemas.
Testículos y ovarios cuajando, solidarios, poemas necesarios y revolucionarios.
Bien. Dejémonos ya de zarandajas. Recojamos los dados y barajas.
No escribamos impunemente a tientas. Escribamos poemas herramientas.
Poemas como balas, poemas nutritivos, poemas revulsivos, poemas explosivos.
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Papeles
Un papel certifica mi llegada a este mundo. Mi identidad la corrobora otro papel. Uno más califica nuestra vida en pareja: de derecho, de hecho, de desecho. Otro papel registrará mi muerte. ¿Cuál será mi papel verdadero en la vida? Abro el buzón: rebosa de papeles. Salgo a la calle: me surten de papeles. Voy al Banco: cumplimento papeles. Un papel me da acceso al estadio de fútbol, a un concierto, al cine, al teatro. Tráfico me echa el alto: ¡los papeles! -los busco, los escrutan, me empapelan. Necesito una subvención -me dicen: hay que hacer papeles. Me pongo de los nervios en unos almacenes -me amonestan: no pierda los papeles. Me entregan un regalo: sufro ansiedad al desempapelarlo. Mi papeleta electoral traga derrota. Me manifiesto por los sin papeles. Traspapelé la luz: busco tus ojos. Cada semana reciclo dos bolsas de papeles. Vivir: papeles y papeles y papeles. La vida, para muchos, es todo un papelón.
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L.S.D
Laberinto en Soledad Demoníaca. No te será posible la escapada. Asesino de tu madre, traficante de muerte, condenado eternamente a no dar vida para evitar nuevos crímenes, necesitas vivir, vivir más, por ti y por cuantos no nacerán. Atormentado, nunca descansarás de esta ansiedad. Cuando ames odiarás. Tan sólo el día que destruyas las leyes gozarás de tu rebelión, y conseguirás paz, orinar sobre la tumba de tu padre hasta abonar su muerte. Mi personaje maldice a tu persona. Contra paredes y horizonte. Muere.
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Pasa la vida
Suelo, al atardecer, salir de casa a tomar unos vinos, económicos como un paseo, en tabernas domésticas donde se habla, con familiaridad, de fútbol, de política, del hijo mayor que no encuentra trabajo, del pequeño que no quiere estudiar, de unas cortas vacaciones en el pueblo, de enfermedades, de las rarezas del abuelo, de un cambio de neumáticos o del último atentado terrorista. Estéril, el tiempo sigue, indiferente, su camino, mientras miro, apostado en la barra, a través del cristal, pasar la vida, en medio de un laberinto de coches mal aparcados y luces de neón – y yo paso también, sin darme cuenta.
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Historia de un amor
Es verdad que te amé con un amor tan amplio que cabía la ciudad en él con sus túneles, parques, rascacielos, sus jóvenes besándose en las calles, su luz descalabrándose la vida. Es verdad que te amé con un amor tan grande que cabía el continente en él con sus selvas, océanos, montañas, países, realidades y misterios. Es verdad que te amé con un amor tan firme que era inmutable a los terremotos. El amor es verdad y es verdad que te amé con un amor tan inmenso que cabía el mundo dentro de él, mi mundo lleno de mi amor por ti. Es verdad que te amé con un amor tan fuerte que ahora soy débil porque estoy vacío. Tu mundo no lo pudo contener.
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La botella
Dentro de esta botella cabe el mar. Dentro de esta botella se tambalea el cielo, se tambalea el sol de los borrachos con su verdad a cuestas, con la marea de sus amarguras. Dentro de esta botella bailan moscas como bombardeados helicópteros, pasean cucarachas con paraguas. Dentro de esta botella llueve ausencia. Su pared giratoria desfigura mis rostros, comba mis frentes, abre mis pupilas: hay tormentas de hachazos en su magma. Dentro de esta botella está el vacío del que me lleno cuando bebo y bebo. Abandonada para el reciclaje, yo soy esta botella.
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Los inmigrantes
Los inmigrantes caminan por las calles con mortajas al hombro, lápidas al hombro, cruces al hombro, lágrimas al hombro, corazones en las manos, el cielo sobre un desierto en su mirada. Con una familia y un país escondidos dentro de la cabeza.
Los inmigrantes tienen muchos hombros, muchos corazones, muchas manos, muchas piernas.
Entran en las tiendas, en los bancos, en los locutorios, en los bares: con fotografías enmarcadas bajo un brazo, con féretros bajo el otro brazo.
Nadie ve esas mortajas, esas lápidas, esas cruces, esas lágrimas, esos corazones, esas familias, esos países, esas fotografías, esos féretros, cielos ni desiertos.
No nos miran a los ojos: ¡saben que somos ciegos!
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Un hombre feliz
Fue feliz compartiendo los cantos y las risas, la pobreza, el dolor. Retozando en la escarcha, comiendo y bien bebiendo. Alegre a pleno sol, solo en el descampado o entre la muchedumbre. Fue feliz de estar vivo y afrontar las desgracias ajenas como propias, sereno o agitado; liviano haciendo el muerto sobre la piel del mar. Fue feliz desterrado de la realidad. Feliz bajo la noche coronada de lámparas, en batallas de amor que hacen temblar las sábanas. Fue feliz derribando murallones de lágrimas, hablando con los astros, escuchando a la muerte. No descarta ser feliz bajo tierra mientras sigue la vida.
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Ave María
La Solidaridad Social te salve, María. Llena eres de desgracia. El Señor no está contigo; los señores, tampoco. Maldita tú eres entre todas las mujeres y maldito es el fruto de tu vientre. Yo te bendigo y bendigo a tu hijo. Nunca reces, María, una oración que diga tonterías sin ton ni son. Santa María, madre de la vida, hermana del placer y del dolor, hija de tus padres, olvido de Dios. Pasa de nosotros, machistas recalcitrantes, ahora y en la hora de nuestra existencia. Amén.
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Lo mismo que una llave abría el aire a los misterios de la transparencia.
Me convocaba igual que una ventana o una cita del cielo con el mar.
Podía haber vivido en su fulgor o esperar a morir como un naufragio.
Porque aquella mirada no era de unos ojos y aquellos ojos no eran de ningún mundo.
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Tal vez vosotros sabéis
No sé, escucho himnos dentro de las lágrimas. Tuve una casa con ventanas en el techo: veía tiburones, cordilleras, trenes volar. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. No sé bien qué es la paz: llegué tarde a la guerra. La tempestad está tras la montaña, sobrellevo el estruendo de su luz. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. Tiemblan mis pies cuando retumba el eco del silencio, no sé si las palabras tienen sangre. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. No sé por qué se tambalea el vértigo cuando miro las cúpulas, pero noto en mi pecho borboteos de petróleo. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. Mi país es un rompecabezas, al más mínimo golpe se desvertebrará: ya no tendré país. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. Desde el avión veía sobre el mar manadas de elefantes petrificados, dromedarios tendidos, sombras de cocodrilos: me dijeron que eran islas griegas. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. Huyo, siempre huyo: acaso tras las puertas que arrancan sus bisagras, sus cerrajas y, a lomos de las llamas, corren irrefrenables para aclamar a los ladridos del mar. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. La poesía debe ser extrema, estampido de mundos, abrazo de la pólvora, escardar las tinieblas con antorchas, trepanación de asombro y ebriedad. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto. Yo no sé qué preguntan al sol los limoneros. Ignoro los secretos de las algas y de las medusas. Tampoco sé si esto es un poema o una pequeña galería de hormigas. Tal vez vosotros sabéis, yo sólo canto.
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No siempre la claridad viene del cielo.
Escucha solo tu música cuando cantes, por oscura que sea y espinosa.
Que la luz te ensordezca, que no te ciegue el ruido.
Y tu obra sea más que tu vida, porque te contramuera.
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Vidas
Hay quien hace de su vida una frontera.
Otros la comparten como aire, luz, o la levantan sobre un campo de minas.
Quien la deja al azar, y el que a control severo la somete.
Algunos imitan la vida de sus héroes.
Y hay quienes la embalsaman en un búnker de oro.
Todas las vidas trabajan para la muerte.
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Coartada
Te ciego para que me veas. Te miro para no estar ciego. Te vivo para que no mueras. Me muero para no matar.
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El coartado
Yo soy el coartado entre el mundo y la muerte. Me tambaleo sobre el puente de los ecos. Oscura es la sombra, pero es muy clara la palabra sombra. (En una de estas líneas aparece y desaparece el rayo.) La tempestad se refugia en mi interior. Hoy me acuesto en el techo, vigilo la cama. Si mi muerto se mueve le dispararé al hígado con la botella. Tiemblan cadalsos en mi cabeza. ¡Destruiré el mundo y asesinaré a la muerte! ¿Cómo salir de aquí? Buscaré una «Entrada de emergencia» que desgarre el atolondramiento y alcance la lejanía. Hasta embocarme ira de sangre que chorrea sangre, ¡o romperme la sangre chorreando bocas!
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Los caballos
Sé que el vino conduce a la embriaguez y sé que la poesía conduce a la pasión. Salah ‘Abd al-Sabur
Retumban en mi calabozo pisadas avanzando, avanzando. (Será el trotar de cascos de los caballos desbocados que son mis pensamientos abriéndose paso entre la lucidez, la hostilidad, el abarrotamiento.) En ese calabozo hay tantos encuentros y abandonos; tanto fragor, turbiones, mundos; tantas riadas y avalanchas, que sus barrotes van a reventar la cabeza que es mi calabozo. ¿Adónde lleva el espanto a estos caballos? ¡Trotan y trotan caballos avanzando, avanzando hacia la lejanía; atados a sus sombras, sin un destino fijo, cegados por el sol!
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Cerca de la lejanía
Estoy lejos del tiempo, estoy en todo lo que se va tragando el infinito; pegado a ti: ¡estoy en lo que he escrito!, libre de horror, afán, prisa, cruz, lodo.
Dentro del aire me desacomodo y a la desolación me precipito: mudo, sereno, intenso. (Me limito a no ser más que un espectro beodo.)
No veo el horizonte, nada pienso. ¿Ruedo? ¡Floto!, invisible: por el mundo de la ausencia, que nadie ha traducido.
Fuera de mí, a solas con lo inmenso: en el descanso de lo más profundo, en el olvido que es haber vivido.
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Los muertos
Llegan lejos las manos de la ausencia hasta alcanzar el mundo de los muertos: los muertos que nos viven, los muertos que nos matan, los muertos que vendrán a visitarnos, los muertos que están vivos, los muertos que nos llaman, los muertos que se vuelven a morir, los muertos que en la muerte nos esperan.
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Nuevo orden
Urge cambiar el desorden del mundo. Se declara el estado de crisis permanente. Desde ahora los niños nacerán con vivienda. Toda la población es emigrante. La sociedad prioriza al individuo. Se legalizan las drogas naturales. Se subvenciona la solidaridad. Se concede a los jóvenes pensión devolutiva. Los ancianos serán privilegiados. La vida se proclama asignatura. La muerte recupera valor espiritual. Se restringe el presupuesto de defensa. Fronteras franqueables hasta su desaparición. Si la fidelidad daña la salud mental, se desbloquea la fórmula pareja. El ejercicio del Poder se renueva anualmente. Se habilitan las islas eclesiásticas. Se suprime el consumo más superfluo. Se debe trabajar para vivir. Nadie viva para trabajar. Se permite soñar con otra realidad. Etcétera, etcétera, etcétera.
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El poema útil
Para escribir un poema útil considera si lo que vas a decir tiene interés para ti sólo o también para los demás. Si habrá editor que arriesgue su dinero a cambio de ese mundo de palabras al que el mundo podría dar la espalda. Para escribir un poema útil no existe otra fórmula: la fuerza de su necesidad, de su eficacia, te moverá a escribirlo. Escribe tu poema.
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Canción estéril
Cómo habría querido darte todo lo que yo nunca tuve: una infancia feliz –cimiento de un futuro compacto en seguridad y fortaleza; cierta disposición favorable ante el mundo, la salud del silencio, el taller clandestino de las palabras, la amistad, el ansia de saber, de ser libre, las llamas del motín de enamorarse, el fragor de vivir y un respeto a la muerte. Pero nada de esto te podré conceder, porque no nacerás. Y aun así, me pregunto si habrías admitido cuanto yo te ofrecía –simplemente, la vida; y aceptarme, porque tú te aceptabas.
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Lo mejor de la vida
No fue olvidar que estábamos viviéndola lo mejor de la vida. Lo mejor de la vida vino después, cuando supimos que no habría otra oportunidad para vivirla; y cada trago que de ella bebimos lo apuramos al máximo, buscando más allá de los posos nuestro fondo. |


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