"Sepan que las sonrisas no cotizan en bolsa, pero sí hacen grande a un país.

2026-10-18

Econosuya

Las clases mercantiles han ganado perennemente. Desde que la revolución neolítica generó la necesidad de mercadear, nacida de un proceso social, es decir, del sedentarismo que forjó excedentes con la agricultura, desde entonces comenzando con el trueque, dominan ingentes cantidades de beneficios, sobre todo con la vivienda. La agricultura fue la raíz de la que vertebraron otras necesidades como la alfarería, la textil y así diferentes artes para abastecer las insuficiencias creadas en la humanidad. Pero lo de la vivienda es jugar a un nivel extremo. Un derecho que han alienado los comerciantes rentistas. Un problema habitacional que existe desde siempre así es, pero que ha subsistido aletargado en la especulación siendo un mal mayor, casi como una gangrena silenciosa.

 

A sabiendas de ello, los gobiernos que son conscientes de que el comercio es la principal riqueza de las naciones, protegen las transacciones con mayor ahínco.

 

Prueba de ello es que las leyes que rigen el comercio históricamente se escribieron antes que los códigos civiles e incluso criminales. Y así fue como los consulados sentaron cátedra para generar riqueza en países amigos, gestionando sobre todo las leyes de los contrabandos.

 

Y si el número de sinónimos dan grandeza a un idioma, los sinónimos de los oficios generaron mayor postín en veraz proporción, como fueron los acaecidos de la palabra Comerciante, que tiene como origen el latín; palabra que está formada con la raíz con, merx, y acaba con el sufijo nte.

 

Aun así, a mí que me gusta investigar, rascando un poco en la RAE, la definición de Comerciante, desde tiempos a, he sabido que puede ser llamado tendero, mercachifle, hortera, bragueta de palo, hebreo, judío, agiotista, asignándole también los nombres de traficantes, especuladores, negociantes, cambiantes, y muchos otros que el Diccionario de la lengua española, nos instruye. Once nombres que he escrito en mi teclado con los que defino la coyuntura que se está viviendo en España a manos de todos estos sinónimos.

 

Teresa, la mujer que fue desahuciada en Málaga, el pasado jueves le concedieron una vivienda de alquiler social. Por 90 euros al mes ahora dormirá bajo un techo junto a su hijo. Sin palabras. Ojalá y se recupere de su enfermedad. Pronto.

 

Todo tiene solución menos la muerte…

 

Pero el mercadeo con la vivienda está siendo vigilado con lupa. Los ciudadanos de a pie, han puesto pie en pared. La muerte de Maricarmen ha convulsionado el aguante resultando una fuerza muy organizada que ya no teme a nada ni a nadie.

 

Y es que la economía, más bien parece la econosuya. La impiedad ha desvirtuado dicha ciencia social para satisfacer solo las necesidades privadas.

 

Dicen que el 26-S ha superado con creces el 15-M por su exquisita organización, debido a que el derecho de acceder a una vivienda no es solo mercadeo y política, sino que forma parte internacionalmente de los derechos humanos en su artículo 25.1, asimismo del artículo 47 de la Constitución Española, y del artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

 

Mi balance es el siguiente: como la incertidumbre genera miedo. Y el miedo crea estrés. Y el estrés engendra enfermedad. Y la enfermedad mata. El arqueo razonable es que la incertidumbre de no tener una vivienda mata.

 

Señores agiotistas dejen de generar miedo a los más desprotegidos, de hacer desahucios, de humillarlos, de mercadear con un derecho básico internacional sin ofrecer un horizonte habitacional alternativo.

 

Sepan que las sonrisas no cotizan en bolsa, pero sí hacen grande a un país.


 

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