"No justifico el hecho que sucedió desde mi perspectiva de paz, ni mucho menos, pero sí el de entender por qué sucedió. 

2026-03-22

España-México

La paz a lo largo de su historia siempre se ha tejido entre sombras. Entre susurros y miradas de reojo. Reivindico la paz, su estado de equilibrio, su ausencia de lucha, su capacidad de entendimiento, además de muchos otros estados como el bienestar que genera y la tan necesaria estabilidad para habitar en paz, nunca mejor dicho.

Hace unos días hemos escuchado por todos los medios de comunicación, como la exigencia que se hizo fehaciente hace siete años en una carta por parte del anterior presidente mejicano, el señor Andrés Manuel López Obrador al gobierno de España, y en este 2026, con la presidencia de Claudia Sheinbaum, se ha hecho real.

Y nunca mejor dicho lo de real, pues ha sido el rey Felipe VI quien ha verbalizado públicamente el perdón por los agravios, abusos e imposiciones culturales por parte de los españoles al pueblo mejicano, hace 500 años.

Antes que nada, reivindicar mi derecho a expresar que estoy de parte de la paz y al total derecho y respeto a la identidad.

Y para ello me gustaría tener una idea plena, viajando hasta México en 1519, cuando Hernán Cortés, seguido por 500 o 600 hombres, se encontró frente a frente con cientos de miles de aztecas. ¿Creen que la balanza estaba equilibrada? Ya les digo yo que no. Sepan que, en la caída de Tenochtitlán, por cada español que había guerreando en aquel campo de batalla, de la parte de los españoles y a su lado, luchaban entre 50 o 100 indígenas que ansiaban hacer caer al imperio azteca y liberarse de su opresión.

La matanza no se llevó a cabo con esas cinco o seis centenas de españoles solo. Tenochtitlán cayó porque miles de indígenas, como los tlaxcaltecas, que estaban hartos de la tiranía de los aztecas y de sus sacrificios, les ayudaron. Lo que quiero decir, es que para miles de indígenas la llegada de los españoles fue un mal menor y mucho más una liberación.

No justifico el hecho que sucedió desde mi perspectiva de paz, ni mucho menos, pero sí el de entender por qué sucedió. 

En el presente de este siglo XXI, las aberraciones del siglo XVI se analizan desde diferentes prismas, pues la historia siempre es muy intensa y desgranar su contenido, necesita la visión de la antropología tanto como la perspectiva de los Derechos Humanos aplicados en hechos diferentes. Para entender, los sacrificios precolombinos, hay que documentarse y saber que la sangre derramada en ellos era en su cultura una cosmogonía necesaria para que el sol naciera una vez más, por lo que es la antropología quien genera el debate. Y respecto a la destrucción de lo que encontraron a su paso, los códices, la imposición de la Inquisición y demás sistemas, como el de castas, son los Derechos Humanos quienes analizan y opinan.

Sepan ustedes que la Caja de Pandora, no era tal, sino que era una vasija que, por un error, llevaron a denominar dicho recipiente como caja. Pues dicha famosa caja ha sido abierta. Ya que estamos hablando de esta mujer, se preguntarán: ¿y quién era Pandora? Pues esta mujer mortal fue creada para castigo de la humanidad por orden de Zeus (este galán que iba de tálamo en tálamo). Dejando a un lado esta aclaración, diré que efectivamente dicha caja ha sido abierta, una vez más.

Pienso, que la identidad de cada pueblo y la paz debe de estar por encima de muchos aburrimientos y ansias de doblegamiento de diferentes naciones, pero no es así. Pero la naturaleza humana reivindica su insatisfacción, y siempre quiere más y a su modo y manera. 

A consecuencia de los desagravios hechos en el tiempo, resulta que las heridas mal sanadas, supuran, y para curarlas hacemos regresión a los hechos históricos, buscando entenderlos y así poder explicar muchos de los problemas que nos acucian en el presente, como la pobreza o la desigualdad.
En mi opinión, mi conclusión es que la invasión que estuvo liderada por los españoles a las órdenes de Hernán Cortés fue una rebelión indígena (la de los tlaxcaltecas). Esta reflexión ha sido fruto de saber que los aztecas gobernaban con la mano dura del terror, cuyo fin era empoderar la economía. El pueblo azteca debía cumplir con los impuestos, piedras preciosas, cacao, oro, alimentos, y… lo peor, personas que eran capturadas para ser sacrificadas en el Templo Mayor de Tenochtitlán. 

Los tlaxcaltecas (pueblo oprimido y rebelde que los aztecas no conseguían someter del todo) fueron los primeros indígenas que contactaron con los españoles. Tras las primeras luchas con los recién llegados y valorar su rutilante tecnología, los tlaxcaltecas decidieron que los españoles eran mejores aliados que enemigos. Craso error, pues en mi humilde opinión creo que solamente cambiaron un sistema opresor por otro. 
Aun así, la invasión primero y la cristianización forzosa que los españoles llevaron a cabo destruyeron un mundo de avance con inmensos conocimientos. Tenochtitlán dejó boquiabiertos a los españoles cuando llegaron (a pesar de llegar con armaduras, caballos, y demás herramientas). El conocimiento azteca era mayúsculo y muy superior. De ello hay constancia escrita en legajos, como hizo un soldado de Hernán Cortés, llamado Bernal Díaz del Castillo, que dejó escrito que ante sus ojos tenía una visión de fantasía: Nos quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento.

¿Y eso no les duele? ¿La destrucción de lo que se podría llamar como una Venecia en el Altiplano? Sepan que Tenochtitlán era una ciudad construida sobre el lago Texcoco con puentes levadizos, puentes de piedra, calles y canales en líneas rectas que habían sido generadas en cuadrículas, con islas artificiales en las que cultivaban alimentos, con una ingeniería hidráulica casi mágica para su época, pues el lago que rodeaba a la ciudad de Tenochtitlán era salobre y para ello tenían construido un dique de contención de 16 metros llamado El Albarradón de Nezahualcóyotl, y que mediante puentes se abastecían de agua potable del bosque de Chapultepec.

Es curioso reflexionar cómo en ese siglo XVI, Tenochtitlán era una ciudad nada comparable a Londres, a París o a la misma Sevilla de la época, no solo en limpieza, sino en tecnología, en sabiduría y en organización. 

Conocer la historia sin fanatismos es sanar. Y ya que España ha abierto la caja de Pandora para pedir disculpas por los hechos históricos de agravios, añadiré que ya lo hizo Alemania en 2021, por el Genocidio de Namibia, el mismo que cometió en 1904. Además, el papa Francisco y el gobierno canadiense pidieron formalmente disculpas por los Abusos perpetrados a indígenas en internados, cuando visitó dicho país. Petición de disculpas a las que se sumó el rey Felipe, expresando su profundo pesar en representación de Bélgica por las atrocidades cometidas en el Congo, sin una disculpa real que llevara a sus reparaciones. Y por supuesto, Japón, un caso aparte, pues tras pedir disculpas a Corea por las Mujeres de consuelo, la nación coreana las sigue considerando insuficientes.

Llegado hasta aquí, y como defensora de la paz, creo que hay que reconocer las pérdidas, aceptar las sombras, y obrar con equilibrio hacia el respeto sin imposición, pues la verdadera paz nace de conocer la verdad completa, con sus heridas y sus maravillas.


 

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