"Todos podemos vernos beneficiados por una relación así. 

2026-05-31

Maestros y discípulos

Una de las claves en la evolución del ser humano es la capacidad consciente de aprendizaje, de poder adquirir información, conocimiento. Otras muchas especies también aprenden, pero en nuestro caso podemos aprender ideas, pensamientos, reflexiones y otras muchas realidades que pueden componer la vida interior. Las innovaciones en los procedimientos las pueden aprender muchas especies animales, pero el amor por el teatro o la diferencia entre el individualismo y la solidaridad quedan entre las infinitas posibilidades de aprendizaje del ser humano.

 

Sin profundizar en cuestiones pedagógicas, quiero resaltar la importancia capital de la educación en el desarrollo del ser humano, y dentro de este amplio y complejo proceso, la relación maestro-discípulo, es decir, un vínculo profundo entre el que enseña y el que aprende.

 

¿Qué diferencia hay entre maestro-discípulo y profesor-alumno? Imagínese cualquiera de nuestros hijos que apuntamos a música como actividad extraescolar. La mayoría de las veces, hay una enseñanza de información, de profesor a alumno. Pero en alguna ocasión, cuando hay una receptividad especial, el que enseña no sólo ofrece su conocimiento sino también su vivencia y el que aprende no sólo aprende las notas, sino que verse tocando un instrumento empieza a cambiarle la vida interior. Hablamos entonces de un maestro y un discípulo.

 

La relación maestro-discípulo es una de las más especiales que pueden darse entre seres humanos, porque implica compartir el corazón, compartir la vida interior. El propio objeto de enseñanza, el conocimiento, cuando se interioriza y se vive, deja de ser información y se transforma en gotitas de sabiduría.

 

La relación profesor-alumno surge de un contrato económico o de un compromiso formal, pero la relación maestro-discípulo es fruto de la generosidad, de un modo de expresión del amor. El maestro enseña su vida, la experiencia del alma, y el discípulo está dispuesto a cambiar su vida poniendo en práctica las enseñanzas del maestro.

 

La relación maestro-discípulo puede aplicarse a cualquier ámbito del conocimiento que lleve a una transformación interior y la más profunda de estas relaciones es la que tiene lugar en torno a la vida, maestros y discípulos sobre cómo vivir para aprovechar al máximo las oportunidades que encontramos en ella.

 

Las relaciones maestro-discípulo son uno de los momentos culmen en la evolución particular de una persona. Tiene algo de inmortal, porque garantiza la continuidad de los pilares de la vida interior. En contra de lo que afirman muchos colegas, creo que uno de los motores de la existencia humana no es garantizar la transferencia de los propios genes a la siguiente generación, como parece que ocurre entre animales, sino garantizar la transferencia de la vida interior. Y esta es la consecuencia de la relación maestro-discípulo.

 

El vínculo entre maestro y discípulo es transversal a la sociedad. Todos podemos vernos beneficiados por una relación así. Y cuando se produce, estamos obligados moralmente a restituir a la sociedad lo que hemos recibido, ofreciendo la posibilidad de ser humildes maestros de aquello que aprendimos, vivimos, y nos cambió la vida.

 

Para los antiguos egipcios, uno de los olvidos de consecuencias más desastrosas era el de restituir aquello que debemos. Y lo debemos todo, desde la vida física hasta nuestro lugar en la sociedad, el desarrollo de nuestra vida interior o la propia experiencia espiritual. Olvidar esto acaba deformando el alma, como aparece simbolizado en el repulsivo personaje Gollum, de ‘El señor de los anillos’, otrora simpático hobbit.


 

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