"Las redes sociales pueden amplificar algo que ya existe en nosotras, nuestra tendencia a compararnos y a buscar fuera señales que nos digan cuánto valemos.

2026-10-04

 

Marta Segrelles nació en Terrassa (Barcelona). Estudió el grado de Psicología en la Facultad de Blanquerna (Universidad Ramón Llull) en Barcelona. Empezó a trabajar como psicóloga infantil y juvenil y viendo la importancia de esa etapa, y a raíz de la formación y la experiencia especializada en trauma y apego, actualmente se dedica a acompañar a personas adultas en procesos terapéuticos individuales y grupales. Se dedica también a la docencia en distintos másteres, a formar a equipos sanitarios y educativos y a divulgar en redes sociales. En 2023 publicó Abraza a la niña que fuiste, (Ed. Bruguera); en 2024 Querida mamá, me dueles (Ed. Bruguera) y en 2025 No hay nada malo en ti (Ed. Bruguera).

  1. P: ¿Cómo nació el deseo de escribir y ejercer al mismo tiempo de psicóloga?

R: Me di cuenta de que ser psicóloga también tiene que ver mucho con comunicar y que era una de las tareas principales de mi trabajo, tratar de explicar algo difícil de forma sencilla, o algo doloroso de forma amable y sobre todo a darle forma y sentido a lo que has vivido y poder construir una historia con un inicio, un nudo y un desenlace y poner palabras y matices a todo nuestro mundo interno.

  1. P: ¿Qué responsabilidad tiene un psicólogo cuando escribe para miles de personas que no conoce y cuyas circunstancias desconoce?

R: Lo cierto es que yo sentí esa responsabilidad y me preocupaba mucho no conocer a las personas que iban a leerme, ya que hablar de salud mental en terapia era mi zona de confort, pero no saber quién me leía, qué historia tenía, qué heridas cargaba o qué podía interpretar de mis palabras, por eso intenté escribir desde un lugar de curiosidad y no de certezas ni de verdades absolutas.

  1. P: ¿Qué quieres transmitir a través de tus libros? ¿Hay anécdotas autobiográficas en ellos?

R: Los mensajes pueden ser distintos en cada libro, pero en mi trabajo siempre hay un motivo común y es tener una información que nos permita cuestionar lo que hasta ahora hemos creído sobre nuestra historia o sobre nosotras, conocer el impacto de las vivencias y encontrar una forma de convivir con ellas. Inevitablemente, hay algo autobiográfico, no escribo ajena a la experiencia humana, hay sentimientos y preguntas que hoy me hacen las personas que acompaño que yo también me hice, pero no uso mi historia como punto de partida, sino como una experiencia que me permite acercarme con sensibilidad, respeto y humanidad a las suyas.

  1. P: ¿Crees que sanar no significa sentirse bien, sino aprender a convivir con aquello que no podemos cambiar?

R: Sí. De hecho, creo que esta es una de las ideas más importantes cuando hablamos de trauma. A veces hemos recibido una idea de la “sanación” demasiado vinculada a estar bien todo el tiempo: “Si he sanado, ya no debería sentir ansiedad, tristeza, miedo o rabia” y eso puede convertirse en una nueva forma de exigencia. Sanar, para mí, tiene más que ver con poder relacionarnos de otra manera con lo que sentimos, pues siempre digo que no podemos borrar nuestro pasado ni nuestra infancia, hay experiencias y personas que no podemos cambiar y heridas que quizá no desaparezcan como si nunca hubieran existido, pero sí podemos dejar de estar en soledad frente a ellas. No se trata de conseguir que ninguna parte de nosotros vuelva a sufrir. Se trata de poder decir: Puedo estar sintiendo esto y seguir estando conmigo.

  1. P: ¿Qué efecto crees que tienen las redes sociales en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos?

R: Las redes sociales pueden amplificar algo que ya existe en nosotras, nuestra tendencia a compararnos y a buscar fuera señales que nos digan cuánto valemos. Además, hoy es más complejo, pues vivimos en una época en la que estamos constantemente expuestos a vidas aparentemente perfectas y eso puede alimentar partes nuestras que ya se sienten insuficientes, pero tampoco creo que las redes sean únicamente negativas.

También nos pueden ayudar a generar comunidad, poner palabras a experiencias que antes vivíamos en soledad y permitir que muchas personas encuentren información y apoyo. La cuestión quizá no sea solamente cuánto usamos las redes, sino desde qué lugar interno las utilizamos.

  1. P: ¿Qué descubres como escritora que no descubres como psicóloga?

R: Como psicóloga estoy acostumbrada a escuchar y a acompañar la historia de otra persona, pero escribir me obliga a detenerme de una manera diferente. En consulta muchas veces una idea aparece en una conversación que sigue a medida que nos vamos encontrando para seguir explorando, pero al escribir siento que en esa pregunta ya tengo que desarrollar “las siguientes sesiones” y añadir dudas, matices y sentimientos frecuentes que quizá en otro contexto no habría visto. Quizá esa sea una de las cosas más bonitas que me ha dado escribir también, comprobar que poner palabras a algo puede ser también una forma de acompañar.

  1. P: También trabajas con el impacto de las experiencias vitales a través de la IFS, la estimulación bilateral TEBB o el análisis transaccional, ¿cómo es la experiencia trabajando con ello?

R: Encontrar el modelo terapéutico de IFS supuso poder alinearme mucho más con mi práctica a través del modelo, cada persona tiene una historia y necesidades distintas y las distintas herramientas me permiten acercarme a las experiencias desde distintos lugares, pero el trabajo con IFS la mirada me pareció muy interesante, compasiva y distinta a lo que antes había conocido y me ayudó a ser más compasiva con mi proceso y a acompañar desde la compasión al resto.

  1. P: ¿Cómo valoras la salud mental hoy en día?

R: Creo que estamos viviendo un momento en el que hablar de salud mental se ha normalizado mucho más y eso siempre es positivo, pues hay experiencias que antes se vivían en absoluto silencio y hoy pueden nombrarse y buscar ayuda. Pero también creo que estamos corriendo el riesgo de convertir la salud mental en otro espacio de exigencia y comparación, a veces parece que tenemos que gestionar perfectamente nuestras emociones, tener relaciones sanas, poner límites, trabajar nuestro niño interior, sanar nuestras heridas y además hacerlo todo mientras seguimos funcionando con normalidad. Creo que necesitamos una mirada más humana y menos individualista. No todo lo que nos ocurre puede resolverse trabajando sobre una misma. Las condiciones de vida, la precariedad, la soledad, la violencia, la falta de tiempo o la dificultad para acceder a una atención psicológica de calidad también tienen un impacto enorme en nuestra salud mental.

  1. P: ¿Tienes algún proyecto en curso?

R: Ahora la verdad es que estoy tomándome un tiempo para poder procesar todo lo que hasta ahora he realizado. Además, no me gusta escribir por hacerlo y seguir en la rueda, para mí tiene sentido hacerlo cuando hay algo que todavía necesita ser explicado, cuestionado o acompañado. Hay ideas y conversaciones que estoy explorando, pero prefiero que el próximo proyecto nazca de una pregunta que realmente merezca la pena.

  1. P: Después de tantos años escuchando las historias de otras personas, escribiendo sobre ellas y tratando de ayudarlas a entenderse mejor, ¿qué has aprendido sobre ti misma?

R: Siempre es algo que digo en terapia, que no somos tan distintos solo que a veces lo llevamos en soledad, culpa y vergüenza y parece que otras personas lo gestionan mejor que nosotros, pero la realidad es que siempre estamos aprendiendo a acompañarnos lo mejor que podemos y que lo único constante es el cambio.

 


 

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