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"Las redes dan lugar a ese tipo de batiburrillos valetodistas alineados a la moda de lo absurdo. |
2026-02-28
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Aceptamos pulpo

Cuando hace algunos años escribí un relato llamado “Más perra que gata” hacía con el título un juego de palabras respecto a cómo se nos llama a los madrileños, al tiempo que con el doble sentido me atribuía un grado de querencia y sexualidad más cercanos a la fidelidad que al celo, y en el texto desarrollaba cualidades de los perros que me hacen sentir más simpatía por ellos que por los gatos. Pero claro, una cosa es que yo diga que cuando quiero lo hago con la lealtad de una perra y otra bien distinta que vaya ladrando, caminando a cuatro patas o meando por las esquinas. Yo de therian —que para todo hay etiquetas ya— tengo lo justo. A veces siento que soy un pájaro que canta, aunque nadie le escuche, puedo ser una zorra con los míos y en la intimidad, siento a veces la fragilidad de las alas de una mariposa —que se pliegan ante la lluvia para protegerse— y nado como pez en el agua en la huella de lo inefable; o desearía tener la vista de un halcón, la belleza de un lince, y la elegancia de una jirafa. De poder elegir, en vez de uno, tendría tres corazones, como los pulpos: uno que marcara el latido propio de la vida, otro para conservar recuerdos y otro para desechar lo que me hace daño, pero no soy ni pulpo, ni vaca, ni zorra, ni hormiga, ni mosca, ni rata, ni cerda, ni ballena, ni canguro, y quizá tenga un poco de cada uno de ellos. Soy muy de lucir estampados de animal en mi ropa o en mis complementos, eso sí, pero no tanto por sentirme felina sino por pura atracción por esa estética igual que otros la tienen por los cuadros, las rayas, o los lunares.
El último video que me han enviado a propósito de los therian es el de un tipo embutido en un disfraz de caracol entorpeciendo el tráfico a ras de asfalto en lo que parece una carretera comarcal. Según leo en los comentarios es un documento antiguo en el que un youtuber francés hace una de esas bromas a las que yo no le encuentro la gracia. Las redes dan lugar a ese tipo de batiburrillos valetodistas alineados a la moda de lo absurdo. Al otro lado estaría Punch, el monito que escala puntos de notoriedad desde el encierro de un zoológico japonés, en el que los de su manada le despreciaban y atacaban, y aferrado a un peluche en la necesidad de sentirse acompañado, parece haber encontrado el abrazo que todos necesitamos. Debo admitir que produce ternura y compasión esa imagen, al igual que resulta violento el maltrato recibido por los de su especie. ¿Somos igual de empáticos con los humanos? Tengo mis dudas. Ojalá también se hiciera viral poner la atención en los menores que son aislados o maltratados por sus compañeros en los patios de los colegios, porque sin tener yo nada en contra de los animales, lo que no soporto es que se les trate mejor que a las personas. Y sé que mi opinión puede resultar impopular, pero me ha dado por pensar si los therian no querrán solo llamar la atención, sino sentirse importantes en una sociedad que parece proteger más a esos seres vivos que a los propios humanos.


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