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"Ya no mueve el mundo. |
2026-10-04
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El amor no es lo que era

Entre la IA y la deshumanización que estamos viviendo, cada vez son más escasas mis esperanzas en el futuro, ya ni siquiera a largo plazo, sino al que se proyecta ahora mismo entre este renglón y el siguiente. Tengo la sensación de que cada vez queremos menos y peor, que el amor está en peligro de extinción, y no creo que exista mayor acto de soberbia e ignorancia que permitir que nuestra huella en la historia esté marcada por esa estela sombría y negra como una pena lorquiana.
El amor no es lo que era. Ya no mueve el mundo. Más bien al contrario, se rige por el odio, el desprecio, el insulto, la confrontación, y la deslealtad. Por eso busco cada vez con mayor empeño compartir tiempo y espacio con quienes me hacen sentir que la ternura, la pasión, y la confianza son la cura para tanta herida. No creo que seamos menos, pero no somos útiles ni tenemos cabida en esta pantalla del juego en el que ganan los malos, solo porque van armados hasta las cejas de razones que el corazón no entiende.
Existen los antónimos porque el amor no existiría sin el miedo ni la riqueza sin la miseria, existen porque el ser humano es capaz de experimentar todas las emociones y ninguna y elegir con cuál quedarse, pero ser testigo de cómo la maldad se convierte en la dueña de este cortijo genera un malestar inabarcable en quienes no estamos preparados para tanto odio.
Lo suyo sería no dejar de hablar de Ceuta, de Maricarmen, del infame poder judicial en manos de fachatogas, del precio del combustible, del bulerismo o de la amenaza que todo ello supone, sin embargo, a veces este exceso de cargas unido a las que cada cual lleva a cuestas, requiere medidas cortoplacistas con carácter casi urgente, aunque esas medidas consistan en mantenerse alejado de la toxicidad de la nauseabunda cotidianeidad que estamos viviendo, y hacer parada y fonda en los abrazos que alivian cualquier pena. Un rato. Quien dice un rato dice una vida entera si pudiéramos.
Tiene algo retiro de espiritual apartarse de ese mar de fondo y pararse a sentir cuando el cubo de la basura de las emociones rebosa como los contenedores de las calles de un Madrid cada vez más sucio y putrefacto en todos los sentidos imaginables. Y que vayan saliendo en fila india.
El día a día es una soga, el collar que ata al perro en corto, no vaya a ser que se escape, y está bien morder la cuerda y salir corriendo. Las veces que lo he hecho rompiendo el molde de mis costumbres, he descubierto que me gusta la música de Arde Bogotá y que ya no me hace gracia Miguel Bosé, que más vale una charanga a mano que una orquesta volando, que hacer botellón a los cincuenta mola más que a los veinte, que cuanto más tiempo pasa la televisión apagada más se enciende la luz de la conciencia, o que se vive mejor cuando asumes que hay gente que ya no volverá a estar en tu vida por doloroso que resultara decidir que así fuera. Y poder elegir cada día un rato para desconectar de lo externo y conectar con el alma es tan necesario como un abrazo.


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