"Orwell nos anticipó el futuro en un escenario distópico en el que seríamos vigilados constantemente

2026-05-15

Sin alma

No le tengo miedo a la IA, que se nos ofrece como uno de esos bufés orientales en los que en el mismo mostrador convive un arroz plastificado enterrado entre cosas simulando ser una paella, con unos molondrones de carne —o vete tú a saber qué— rebozados, a los que ni los chinos sabrían qué nombre ponerle. Hay mucho trampantojo en esos restaurantes, y también en la IA. Por eso, de momento no me da miedo. Quizá sea mi propia ignorancia la que me esté impidiendo reconocer la amenaza, pero ser consciente de ello me sitúa en un lugar más cercano a la inteligencia natural que a la artificial. Ahora dicen que quieren cambiarle el apellido, sin cambiar de siglas, y que pasará a denominarse avanzada en vez de artificial, entiendo que con el afán de llevarnos al huerto a quienes somos reacios a todo lo que huele artificio.

Tenía su gracia mejorar las fotos sin tener que pasarnos las horas muertas con el editor, incluso sustituir un poste de luz por la Torre Eiffel en tono de broma, pero de ahí a que un cargo político emita un informe sobre ratas nadadoras con el fin de sembrar miedo y evitar que los del crucero sean atendidos por la sanidad pública española va un mundo.

Por pedir, yo le pediría a la IA, que pusiera el rollo del papel higiénico con el curso del papel por detrás cada vez que me lo encuentro al revés, que me limpiara las rayas de los azulejos, que me hiciera la manipedi y me diera un tinte mientras duermo, o que me trasportara a los lugares y junto a las personas con las que fui feliz, en un abrir y cerrar de ojos. Eso es facilitarle la vida a alguien, no que le compartas la foto de un muerto y simule que te está lanzando un beso o se ponga a bailar desde un más allá traído al más acá a golpe de bites. Esos vídeos que se hacen como churros y con dudosa ética, me espantan. Y quienes tiran de IA para escribir lo que no son capaces de pensar, también.

Estoy convencida de que hay muchas áreas en las que sería ciertamente útil, pero siendo como soy de las que se exasperan porque en el supermercado se han reducido las cajas de toda la vida por las de auto cobro, te puedes imaginar lo que me repatea este mundo inhumano en el que la tecnología y la robótica sustituyen a las personas a pasos agigantados también fuera del súper.

Orwell nos anticipó el futuro en un escenario distópico en el que seríamos vigilados constantemente, despojados del derecho a ser libres y siendo víctimas de la manipulación de la verdad. Ríete tú de Nostradamus: todo cuanto encajaba entonces en el género de ciencia ficción, es a día de hoy el pan nuestro de cada día.

Parece que se nos olvida que es la inteligencia humana la que ha creado a la otra y la alimenta por medio del entrenamiento convirtiéndola en un monstruo, de manera irreversible.

Disfrutemos de lo que aún tenemos, antes de que nos quiten la lluvia y nos quedemos sin el olor a tierra mojada, sin amapolas y sin la memoria del viento.

No es miedo no, es peor aún la sensación que me produce imaginar un futuro sin alma.


 

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