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"Todos a Sol después del desfile. Echemos a los perroflautas, rojos, maricones y a las putas de sus novias feministas |
2026-10-18
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El imbécil

Lo tuvo muy claro desde bien pequeño. No sé, ni siquiera había cumplido los seis cuando una tarde de finales de verano se lo plantó a su madre con un empaque y una convicción nada común a esa edad.
—Mamá, de mayor quiero ser imbécil.
Es cierto que la madre se quedó de cuadros, con la taza de té suspendida a escasos milímetros de sus labios. Pero le bastó un segundo tras mirar aquella convicción con la que su pequeño la estaba mirando, para convencerse de que la cosa iba en serio. Es más, a continuación, una corazonada le atravesó el pensamiento como un trallazo de luz, y lo vio allí mismo: era su Borjita, pero veinte años mayor. Lo reconoció a pesar de la seriedad que rezumaba su Armani y la carrilera de hormigas que lucía por bigote. Sin duda su hijo sería un digno imbécil, malcriado en la imbecilidad más supina a imagen y semejanza del imbécil de su padre.
Este lunes, día de la fiesta nacional, Borja ha cumplido 17. Como ya hizo el año pasado, se fue a celebrarlo con sus amigos del insti. Serían solo Nati, Alberto y él, ya que Santi no estaría en Madrid. Tenía no sé qué historias con su abuelo, que a Borja le sonó a escusa. Así que, descolgó la bandera de España que preside su cuarto, y se la ató a modo de capa. Se sentía como ese tal capitán Trueno de los comics de su padre.
Había quedado bien temprano en Atocha, junto al ministerio de Agricultura, con la intención de coger buen sitio en el paseo del Prado, lo más cerca posible de la plaza de Neptuno, lugar destinado para la tribuna de autoridades. Sí, había que jalear al rey, también a la presidenta Ayuso, cómo no. Pero el principal cometido, al igual que el año pasado, era insultar al «Perro Sánchez».
Así lo hicieron Borja y sus amigos. Él, con su bandera —eso sí, constitucional— al cuello, Albertito con su rojigualda atravesada por una cruz de Borgoña atada a la cintura, y la bella Natividad Isabel, muy cuca ella, con su banderita del aguilucho a modo de bandana. Se hincharon a gritar durante todo el desfile: «¡Pedro Sánchez, hijo de puta… Pedro Sánchez, hijo de puta…»
El caso es que, este año, les supo a poco. Por suerte, recibieron un wasap de Víctor, el hermano pequeño de Santi —15 añitos, en plena efervescencia de imbecilidad—:
«Todos a Sol después del desfile. Echemos a los perroflautas, rojos, maricones y a las putas de sus novias feministas».
Mientras subían por Gran Vía, Borjita tropezó con un chico, más o menos de su edad, pero a simple vista de distinto palo, pues no llevaba bandera. Iba absorto, escuchando música en sus inalámbricos; una canción de los Nikis de la Pradera: «Explícame por qué motivo me convertí en imbécil, en imbécil integral».


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