"Claro que, cambiar palabras no es suficiente

2026-10-18

Más allá de los años

“Con esos lentes, te ves como viejita”. “Ya estoy muy grande para eso”. “En mis tiempos…” “Estoy… que es lo importante…”


Todos hemos hecho —o escuchado— esos comentarios que parecen inofensivos, incluso cariñosos. Los decimos sin pensarlo, como si cumplir años viniera con una lista de cosas que “debemos” dejar de hacer, desear, usar o imaginar.

 

Dejamos de pensar en estudiar algo nuevo, aprender a bailar, viajar, comenzar una relación amorosa, cambiar de rumbo profesional o iniciar una carrera. No siempre porque hayamos perdido el interés o la capacidad, sino porque aprendimos —casi sin darnos cuenta— que al pasar los años algunas puertas deberían cerrarse.

 

A estos comentarios y actitudes podemos llamarles “microviejismos” o “microedadismos” y aunque no siempre buscan ofender, pueden dejar huella.

El problema más grande, empieza cuando confundimos la edad con una sentencia y convertimos los prejuicios heredados de la sociedad, en límites propios. A fuerza de escuchar que las personas adultas mayores son frágiles, dependientes, menos hábiles con la tecnología o incapaces de aprender, podemos terminar creyendo que esas ideas también nos describen, y que nuestro envejecimiento debe verse de cierta manera o con ciertos colores.

 

Por supuesto que envejecer trae cambios. Algunas actividades requieren adaptaciones, hay experiencias que deberán transformarse para seguir formando parte de nuestras vidas y, en ciertos momentos, necesitaremos apoyo. Pero reconocer esto, no significa aceptar que el número de años cumplidos decida quien podemos ser. La magia de ejercer nuestra autonomía está en elegir, arriesgar, equivocarse, y encontrar nuevas maneras de hacer aquellos que amamos.

 

Tal vez la mejor estrategia sea dejar de señalar la edad que tenemos y empezar por preguntar qué deseamos. Y si nos descubrimos pensando que “ya no es lo mismo…” vale la pena detenernos y cuestionar ¿es una decisión propia o una idea que aprendimos a repetir?

 

Claro que, cambiar palabras no es suficiente. Necesitamos trabajar para construir una sociedad que abra oportunidades, espacios y opciones sin discriminación, comunidades donde participar no dependa de la edad o capacidad de moverse. Porque de poco sirve decir: “nunca es tarde” si después cerramos la puerta a quien se atreve a retar los prejuicios e intentar cosas nuevas.

 

Porque Entre generaciones, envejecer no significa convertirnos en una versión reducida de quienes fuimos, sino seguir siendo PERSONAS, aunque cambien nuestras necesidades y la manera en que hacemos las cosas, conservando el derecho a imaginar lo que viene y merecemos una sociedad justa y amigable con todas las edades.


 

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