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"Para quienes acompañan y cuidan: el humor no resta profesionalismo; humaniza el cuidado. |
2026-07-12

Sonreír también cura

El humor no niega el dolor; nos ayuda a atravesarlo sin perder la esperanza.
Con frecuencia pensamos que la vejez significa dejar de jugar, reír menos y tomar la vida más en serio. Como si la madurez estuviera peleada con la alegría, y el sentido del humor le perteneciera únicamente a la infancia. Aprendemos a asociar la seriedad con la responsabilidad, la productividad y el éxito, hasta el punto de creer que sonreír demasiado nos resta credibilidad.
Sin embargo, aprender a reír con el alma es una de las capacidades humanas con más potencial de crecimiento. El humor nos permite regular las emociones, aliviar la tensión, crear conexiones y recordarnos que somos mucho más que una enfermedad, discapacidad o pérdida, desafiando la mirada del viejísimo, esa que dice que la vejez es frágil y ya no puede aprender. Hoy sabemos que a ninguna edad se deja de disfrutar y que las bromas cotidianas y las ocurrencias familiares fortalecen la confianza y alimentan el sentido de pertenencia. La alegría se contagia.
No debemos convertirnos en otra persona al envejecer, sino adaptarnos a los cambios y retos con nuestros valores y la forma en que vemos el mundo intacto, y en el corazón de la identidad, está nuestro sentido del humor.
Basta pensar en las anécdotas de los abuelos y las travesuras compartidas con las nietas pequeñas, o la mirada cómplice con el nieto adolescente. La familia que ríe unida, vive unida. Aprovechemos las sobremesas y las vacaciones sin presión del reloj, compartiendo incluso con las personas que tienen demencia, pues el humor abre caminos como ninguna otra técnica, porque la persona puede olvidar los nombres, pero el corazón reconoce aquello que le hace sentir seguro y querido.
Para quienes acompañan y cuidan: “el humor no resta profesionalismo; humaniza el cuidado”. Quizá por eso la ciencia confirma lo que la vida hace siglos nos enseña: reír sana. Pero de todas las formas de humor, la más extraordinaria es la de reírse de uno mismo, una de las expresiones más profundas de sabiduría: aceptar las imperfecciones sin perder la ligereza, sin prisa para resolver todo, dejando el control de lado y dando espacio a la sorpresa y al juego.
Entre generaciones, compartir una sonrisa es la mejor manera de cuidar, porque las cargas compartidas se sienten más livianas, la esperanza toma su lugar en nuestra vida y aleja el protagonismo de las dificultades. La risa se vuelve el puente entre el bienestar, la resiliencia, la comunidad y nuestra propia forma de vivir, porque siempre habrá motivos para volver a sonreír.


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