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2024-08-11
Lo celebramos todo…

Yo no sé si es que soy un poco “rancia”, o es que no voy evolucionando al compás del tiempo, y, por lo tanto, me voy quedando un poco descolgada, pero es que no comulgo con esta afición que le ha dado a una mayoría de gente de celebrar todo, por todo lo alto, por insignificante que sean los acontecimientos que surgen en el día a día.
Que el niño ha terminado “parvulitos”. Pues hay que hacerle una fiesta en la que no falte ningún detalle, con todos los niños de la clase, y otra, aparte, con la familia.
Más o menos como la de los cumpleaños, que ya no pueden ser con unos cuantos amigos del niño… vamos como siempre han sido, con los más cercanos a su círculo.
Ahora no, ahora es norma, y casi una obligación, invitar a toda la clase. Lo primero tenemos que alquilar un local dónde llevar a cabo la fiesta, porque dicha celebración ya se hace imposible realizarla en el salón de casa. Si el lugar que hemos alquilado tiene personal incluido para supervisar a tanta chiquillería… pues bien. Si no, nos toca estar de guardia toda la tarde para evitar que ningún niño salga lastimado.
En algunas ocasiones también se apuntan al evento las mamás, o al menos las que no trabajan. Y así se toman todas juntas un café mientras comentan pormenores del cole. Y por la noche, la cena familiar, porque la fiesta familiar no tiene nada que ver con la que se tiene con los compañeros del colegio.
Y así sucesivamente, cuando terminan primaria, secundaria, ganan algún campeonato por pequeñísimo que sea… O simplemente como hacía un amigo mío que jugaba al futbol sala y celebraban todos los partidos, independientemente de que ganaran o perdieran.
A mí siempre me ha gustado celebrar los cumpleaños y los eventos de un modo más reducido.
Hoy en día, la mayoría de los niños ven en el día de su Primera Comunión, el día que se va a hacer una gran fiesta en su honor, que van a ir muy elegantes y que van a recibir muchos regalos. Pero para nada la importancia que debería tener el recibir a Jesús por primera vez. Hoy, las comuniones parecen bodas, y muy alejadas del carácter religioso que debiera ser.
Nos hemos convertido en una sociedad consumista, y las personas que no puedan llevar el ritmo de los demás lo deben pasar mal, especialmente, los niños. Por eso pienso que San Valentín, podía ser cualquier día del año, no exclusivo el 14 de febrero, porque el amor debe estar presente todos los días sin existir un día comercial, por ejemplo.


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