"En la actualidad, Madrid es la ciudad que más energía consume, pero es la que menos energía produce: solo el 3 % de sus necesidades. 

2026-03-08

Centralismo, imperialismo

En el siglo XVII, Castilla era una de las regiones del mundo más importantes en la producción de cereales. Para hacer frente a los desorbitados gastos de la corte, Madrid obligó a los agricultores castellanos a venderle su producción a precios tasados y subvencionados, lo que ocasionó la ruina de los agricultores, el abandono de sus tierras y un éxodo poblacional que todavía no ha cesado.

En la actualidad, Madrid es la ciudad que más energía consume, pero es la que menos energía produce: solo el 3 % de sus necesidades. Ni falta que le hace, porque para eso están comunidades como Extremadura, que produce el 400 % de sus necesidades, y Castilla y León, que produce el 200 %; ambas suministran sus excedentes, entre otras, a la capital. El agravio no sería tal si los beneficios, al menos, se repartieran, pero no es así. Mientras que Madrid se aprovecha de los tributos de las empresas energéticas que tienen su sede central en la capital y del empleo que generan, los territorios periféricos cargan con las consecuencias de los residuos de las centrales nucleares, con la contaminación, con el deterioro medioambiental, con el abandono de las infraestructuras obsoletas, etc.

Se podría seguir enumerando otros ámbitos de explotación en la cultura, en la educación, en las vías de comunicación radiales, en el sistema financiero, que muestran la relación colonial que el centralismo de Madrid ha establecido con los territorios de la periferia. Las consecuencias generadas han sido el empobrecimiento y el abandono de la población de estos territorios; y los beneficios, sin embargo, para la capital que, dicho sea de paso, no se reparten de manera equitativa, sino de manera muy desigual: para las élites económicas y sociales, la mayor parte del pastel, y para la mayoría social, expulsada al extrarradio, las migajas. (Recomiendo un artículo muy jugoso en el diario digital El Salto titulado “Quién vacía la España vaciada”).

Es la consecuencia de un sistema depredador que es el Capitalismo generado con la Revolución Industrial, con los colonialismos y con los imperialismos de los siglos pasados, que provocaron dos guerras mundiales en el siglo XX y que pueden llevarnos a otra, si no es que estamos ya en ella. 

El centralismo, el colonialismo y el imperialismo responden a un patrón común que no es más que el control de los recursos, el poder político, la hegemonía cultural y la sumisión de los pueblos. La consecuencia del colonialismo fue en su momento el empobrecimiento, el subdesarrollo y la dependencia de los pueblos colonizados a la potencia colonial. Desde el siglo XV, con el imperio español, hasta el siglo XIX, con el imperio británico, el planeta ha estado dominado por Europa, de manera que en la I Guerra Mundial el mundo estaba controlado en un 84 % de su territorio. por las potencias europeas y EEUU. Un sistema económico como el capitalismo en pleno desarrollo necesitaba de recursos, materias primas, necesitaba mercados a los que vender sus productos, necesitaba esclavos para trabajar en plantaciones y, tras la Revolución Industrial, mano de obra barata en las fábricas. Y para ello se utilizaron todos los resortes al alcance: la violencia, la ocupación de las tierras de las colonias, el exterminio de la población indígena, el aniquilamiento de sus culturas, etc.

Nada diferente, en su esencia, de lo que está ocurriendo hoy: una potencia, hegemónica desde la II Guerra Mundial, EE. UU., que, ante su declive, pretende prolongar su dominio en el mundo pisoteando los escasos controles y normas internacionales que con la ONU se habían establecido.

No es suficiente con el genocidio de Gaza, con el asesinato de manera impune de venezolanos, con secuestrar al presidente de un estado soberano, con la expulsión del país y el asesinato de inmigrantes sin reparo alguno… Ahora, junto con el estado genocida de Israel, bombardea a un país como Irán a miles de kilómetros del continente americano, provocando ya cientos de muertos, entre ellos más de cien niñas en una escuela.
Lo que estamos viviendo y las posiciones que la ciudadanía está tomando trascienden las ideologías que cada una pueda tener. Un ciudadano decente, una ciudadana honesta no puede comulgar con un patán, dicen que un pedófilo, con un insensato, con un asesino, porque lo que se está dilucidando es el futuro de las generaciones futuras a las que vamos a dejarle un planeta arrasado material y humanamente. Porque no tengamos dudas: lo que se está disputando en el planeta es el control de sus recursos, especialmente los energéticos, y para ello, como a lo largo de la historia se ha hecho, los EE. UU. están utilizando todo su poder y todo su armamento para someternos a sus intereses.

Que la derecha y la ultraderecha de nuestro país apoyen a un personaje abominable, que la UE calle, que se involucren en la conflagración países como Francia, Inglaterra y Alemania, no es más que la evidencia de que estamos en un orden internacional en descomposición y con un futuro al que me ahorro poner un calificativo. Al menos hay una rendija por la que entra un poco de aire fresco; el Gobierno de España ha dado un pequeño paso plantándose ante el presidente americano, negándole el uso de las bases. Veremos. 


No, no a la guerra, no a la OTAN y bases fuera.


 

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