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"Una educación de calidad tiene que ser avalada por una ley donde la participación de los diferentes ámbitos de educación intervenga en ella. |
2026-09-20
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Informe PISA

“Desastre educativo en España, con el peor resultado de su historia en el informe PISA”. Este es el titular de un diario de la derecha respecto del resultado alcanzado por las alumnas y alumnos españoles en las materias de lectura, matemáticas y ciencias. El informe PISA es una evaluación que la OCDE hace en más de 90 países cada tres o cuatro años para comprobar el nivel que la población de 15 años tiene en las materias de lectura, matemáticas y ciencias. La misma información puntualiza que el bajón en los resultados es general, exceptuando a los países asiáticos, solo que en España es más pronunciado. Continúa el diario en cuestión diciendo que estos resultados son los peores desde que se hace este informe y coinciden con el Gobierno de Pedro Sánchez. Se olvida este diario puntualizar que estos resultados coinciden con los gobiernos del PP en trece comunidades autónomas, algunas de ellas, Madrid, desde 1995, que tienen las competencias en educación.
Y como quiero huir de la frivolidad de repartir responsabilidades según sea la orientación ideológica y partidista de los gobiernos de turno voy a intentar analizar los resultados con un mínimo de cordura. La calidad de la educación (todas las leyes promulgadas hasta ahora tienen como objetivo la calidad, pero no todas tienen de ella el mismo concepto) dependen de muchas variables: políticas, históricas, socioeconómicas, culturales… Una educación de calidad tiene que ser avalada por una ley donde la participación de los diferentes ámbitos de educación intervenga en ella. Uno de los déficits más importantes está en la ausencia de una participación real del profesorado, de las familias, del alumnado, de los sindicatos y asociaciones profesionales educativas, movimientos de renovación pedagógica, etc. La segunda variable que destaco es la inversión en educación; España tiene una inversión en educación de un 4,1 % del PIB frente al 4,8 % de media en Europa, cuando desde diferentes espacios de la izquierda y sindical se viene demandando, desde hace mucho tiempo, el 5 %. La reducción de la ratio por enseñante, la adecuación y la construcción de las infraestructuras, la formación del profesorado, etc. son elementos muy importantes para que la educación sea realmente de calidad.
Pero, siendo importantes los recursos dedicados a educación, por sí mismos no garantizan mayor calidad, son necesarios otros factores. La democratización de los centros, la participación de padres y madres, alumnado, personal de servicios, ayuntamientos son premisas importantísimas que deben jugar un rol determinante en la educación. Los proyectos de centro participativos, que un día pudieron hacer de los centros educativos focos de formación, de cultura, impulsores de desarrollo de los barrios, de los pueblos, han quedado en meros trámites burocráticos que los colegios elaboran para mandar a la administración educativa.
El profesorado que, junto al alumnado, es un pilar fundamental en el proceso educativo está hoy desmotivado, con la sensación de verse abandonado, con falta de recursos materiales y humanos y preso de una administración que le demanda trabajo burocrático a cuenta del tiempo para lo principal, el trabajo en el aula. La educación, que debería ser un trabajo en equipo, es una tarea individual del enseñante con sus alumnos y alumnas. El proyecto de centro, la programación, la metodología, el tratamiento de los alumnos con dificultades, etc. son abordados aisladamente por el profesorado, sin apoyo y sin recursos. Las soluciones no deberían ser individuales sino colectivas.
Coincide este comienzo de curso con la divulgación del último informe PISA por lo que es imposible no hacer referencia a cómo es tratada la educación en nuestra comunidad y en nuestros centros. Es un clamor, ya indisimulable por parte de la Junta de Andalucía, el apoyo a la enseñanza concertada en detrimento de la pública; en los medios de comunicación han aparecido noticias de suspensión de líneas por la disminución de las ratios; sería una oportunidad de oro aprovechar esa disminución de alumnado por aula para aumentar la atención más individualizada de los niños y niñas con el aumento de calidad que se derivaría de esa atención; se ha publicado igualmente la suspensión de líneas de transporte escolar, de comedores escolares, del inicio del curso con plantillas de profesorado incompletas, etc.
Sí, las pantallas de los móviles, las PlayStation “roban” mucho tiempo y crean adicciones con la repercusión en hábitos lectores, pero también son muy importantes nuestros sistemas educativos, la ausencia de bibliotecas, o su abandono, en los centros escolares y en los municipios y barrios, la falta de hábitos lectores en las familias y la ausencia de un debate en profundidad que aborde desde diferentes ámbitos, también desde el político, un modelo educativo que revise la calidad “apoyada en la igualdad de oportunidades, sin discriminación de ningún tipo, que favorezca la integración, la igualdad y la diversidad, que garantice el pluralismo, la convivencia y la tolerancia, que revitalice los cauces de participación, que elimine los procesos selectivos, que revise los contenidos curriculares y las prácticas pedagógicas… (texto entrecomillado de un documento de los Movimientos de Renovación Pedagógica)
En unos días, del informe PISA no se acordará nadie; no habrá político que lo mencione, y mucho menos será motivo de debate en las tertulias televisivas. No será así, a no ser que, desde abajo, desde la base. Desde los propios centros, desde las familias organizadas en asociaciones, desde los colectivos de profesorado, desde los municipios, se ponga en el centro lo que construye una sociedad decente: LA EDUCACIÓN.
Por soñar que no quede.


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