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"La indecencia, la inmoralidad… no tiene límites. |
2025-12-28
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Xavier García Albiol

Decía mi abuelo, ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió. Y en este caso, ciertamente, no hay mayor tirano que un descendiente de emigrante hecho alcalde.
Con este currículum genealógico:
«Su padre, un almeriense nacido en Vélez-Blanco que emigró a Cataluña en la década de 1960, fue conductor de camiones en Mataró y Badalona y funcionario municipal en Badalona; su madre, barcelonesa, fue peluquera. Se crio en el barrio de La Morera de Badalona y estudió en el Colegio Badalonés. Además, gracias a sus 2,01 metros de altura, jugó en las categorías inferiores del Club Joventut de Badalona. Empezó la carrera de Derecho, que terminó años después y es militante del Partido Popular desde 1989. Dos años más tarde se estrenaría como concejal del ayuntamiento de Badalona y presidente del grupo municipal de dicho partido…».
Por lo recogido en este párrafo. Este despojo humano: Xavier García Albiol, un fascista extremista que desprecia al completo el humanismo; ha tenido la desfachatez y el atrevimiento —sin una alternativa de realojo— de desalojar a 400 personas del techo que los cobijaba y daba amparo ante la condena que esta ‘puta España’ les impone por el hecho de ser negros.
Con verdadera seriedad, no es baladí.
La indecencia, la inmoralidad… no tiene límites. Y es aquí donde me tomo la licencia de abandonar, por un instante —el que me lleva escribir lo que continúa— hasta el mínimo atisbo de humanismo que pueda albergar en mí para decir alto y claro:
La dureza ha de ser combatida con dureza y sin contemplaciones —Ley del Talión— ojo por ojo, diente por diente. Y aparece, para los anales de la historia cinéfila, sin miramiento y con dureza de corazón: el siguiente guion para realizar la película “Albiol el despiadado” en donde a este individuo, Xavier García Albiol, le llega su Sanmartín y ante sus actos malvados lo coge una etnia de la pureza de sangre o limpieza de sangre, (…). Lo abren en canal, y durante la noche ponen a orear el cuerpo, al día siguiente dejan medio cuerpo en Badalona, y el otro medio cuerpo lo meten en una bolsa corporal y, diciendo ¡fuera de aquí afuerino!, lo envían a Vélez-Blanco, un pueblo de Andalucía… Aquí me detengo, dejando inconcluso lo que venía relatando.
Que cada lector escriba el final de guion que considere, porque, a partir de ahora, yo recupero el mínimo atisbo de humanismo que pueda albergar en mí. Y esto me llena de alivio porque me hace comprender que el relato dibujado en la Ley del Talión, así como en el guion no es más que la recreación de meras metáforas continuadas de verdaderos dramas que ocurren en esta vida mundana. Porque me quedo atónito observando la realidad de ese crudelísimo desalojo que provoca un gran dolor en mi alma.
¡Maldito poder!


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