"No seamos imprudentes y démonos un punto o dos o cien en la boca.

2026-01-11

País de bocachanclas

Lo pienso y me incluyo en el ajo con todos, ya que vivimos en un lugar sui géneris: esta España en la que hemos nacido, donde el torero se hace cruces mientras pontifica sobre política, el político se pone a recibir a puerta gayola sin haberse atado siquiera los machos, el obispo confunde el púlpito con la tribuna del parlamento o el famoso llama a la rebelión contra la dictadura sanchista desde su cuenta de TikTok. Vivimos, es cierto, en un país de bocachanclas donde abundamos bocazas y opinadores sin licencia sobre cualquier tema que no nos incumbe o sobre el que no tenemos ni pajolera idea. Y para muestra la berrea de cabestros y cabestras que se ha montado en el solar patrio a cuenta del rapto de Maduro por parte de Trump.

Es sabido que, mientras para los EE. UU. Venezuela es un rincón de su patio trasero, nosotros tenemos aquí, al más puro estilo del exilio cubano en Miami, una «pequeña Caracas» sita en el madrileño barrio de Salamanca, cuyos más relevantes y acaudalados miembros llevan tiempo financiando a ciertos medios y a viejas glorias periodísticas españolas para que, entre otras lindezas, presenten a Zapatero y a Sánchez como los cómplices en Europa del «narcoestadobolivariano» del régimen chavista.

Pero no, no seamos por una vez bocachanclas y no hablemos de que el Derecho Internacional ha muerto definitivamente. No seamos unos bocazas de tomo y lomo y parloteemos sin descanso sobre la necesidad de ir demoliendo la sede de la ONU en Nueva York o acerca de la posibilidad de vendérsela a Trump para que monte un museo a más gloria de su persona y figura, donde se exhiban en un futuro todos sus logros de paz; toda su maravillosa obra como el gran —el mejor de la historia dixit— presidente que es.

No, no seamos por una vez charlatanes de feria, vaya a enojarse la numerosa colonia venezolana en España por hablar de lo que no conocemos. No, no seamos imprudentes y démonos un punto o dos o cien en la boca antes de opinar sobre Venezuela, a la par que recibimos de buena fe sus mejores y sabios consejos, sus nada agoreras advertencias sobre el futuro que nos espera a los españoles si seguimos votando a estos demonios comunistas con cuernos. No, seamos prudentes. Por una vez y sin que sirva de precedente, callémonos. Disfrutemos de la libertad antes de que el perro Sánchez se la coma y después se beba toda la cerveza, mientras, apoyado en la barra canta aquella canción de los Gabinete Caligari: «queridos camaradas… decidme si es verdad… no hay muro que no caiga… que no caiga cuando escasea el pan».

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