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MARI CARMEN GONZÁLEZ NAVARRO
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2024-09-22
El tiempo no corre igual…

Parece mentira, pero es cierto, y quien ha tenido la experiencia de un accidente de tráfico, o de otra índole lo sabe muy bien.
Cuando se produce la causa, que después nos llevará hasta las consecuencias, mientras tanto, hay un espacio de tiempo que no somos capaces de dominar. Por ejemplo: si un vehículo pisa fuera del firme de la calzada y el coche comienza a hacer eses, en ese justo momento tendremos una activación cerebral. En la cual aumentarán los pulsos neuronales para responder al peligro que evidentemente tenemos encima.
Y esto hace que el cerebro cuente más unidades de tiempo, lo que hace que parezca que ha pasado más tiempo.
Todos estos estudios los llevan los neurocientíficos, y son muy recurrentes a ellos los seguros en caso de accidentes para adivinar el nivel de reacción de cada uno de los implicados.
El tiempo tampoco corre igual, o al menos no nos lo parece cuando esperamos algo, o esperamos a alguien que cuando somos nosotros los que debemos llegar a determinado lugar y a una hora concreta.
Cuando esperamos, el tiempo se hace eterno, y parece que las manecillas del reloj se quedaron paradas. En cambio, cuando vamos a un sitio y lo hacemos con la hora justa, parece que todo se va poniendo en contra nuestra. E incluso el reloj parece haberse tomado el tiempo: a destajo, y correr más de lo que lo hace normalmente.
Por eso, parece que la percepción del tiempo no es siempre la misma. Depende, y mucho, de las circunstancias que nos rodeen.


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